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sábado, 31 de diciembre de 2011

§ Capítulo II / Parte III §

Capítulo II: El Desenlace.
Bajó de un salto del cuatro por cuatro, y  tomando un último suspiro mientras rogaba a todos los dioses que la ayudaran, corrió bosque adentro.
Corría y corría sin mirar atrás, sin detenerse, corría todo lo rápido que podía. Un grito enfurecido le  llegó desde la que anteriormente había sido su prisión. En ese instante supo que empezaba la cuenta atrás. Vivir o morir. Aumentó la velocidad. Los gritos proclamando su muerte cada vez se acercaban más. Tenía que conseguirlo, pero el problema estaba en que no sabía por donde ir. Estaba completamente perdida, y su captor lo sabía. No importaba, ya no había vuelta atrás, seguiría recto. ¿No era eso lo que siempre recomendaban? Aunque recordaba la voz de su hermana diciéndole que si alguna vez la perseguía un loco armado corriera en zigzag. Recordaba como había estallado en carcajadas y le había dicho que no dijera tonterías imposibles. Las lágrimas resbalaban por su mejilla, aquella mejilla que su marido había besado tantas veces, aquella que había comparado con la más fina porcelana china. Si tan solo le hubiera podido decir cuanto lo amaba… Más lágrimas, más gritos, más miedo. Tenía que conseguirlo, estaba a punto de conseguirlo. Una rama, un tropiezo, una mano. Su captor la había alcanzado, pero no se podía rendir. Tenía una promesa que cumplir, tenía que ver a su pequeño y llevárselo de allí. Intentó quitárselo de encima como pudo, nada. Patadas, nada. Arañazos, nada. Más lágrimas, más desesperación. El  ‘Jefe’  lo notó, la rendición estaba cerca. Pero una imagen llenó la cabeza de Jane, Mark. Tenía que ser fuerte, por él. Mamá siempre tenía que ser fuerte por su pequeño. Más patadas, un grito de dolor brotó de la garganta del  ‘Jefe’. Estiró su mano izquierda todo lo que pudo mientras continuaba pataleando y mordiendo todo lo que podía. La estiró al máximo. Tenía que llegar, un milímetro más, solo uno. Intentó mover ambos cuerpos,  un solo milímetro, eso le bastó. En cuanto hubo alcanzado aquella piedra asimétrica la levantó, y la estrelló una y otra vez contra la cabeza de su agresor. La sangre rodó por sus manos, resbaló entre sus dedos. Sangre, sangre, sangre. Un temeroso pensamiento invadió su mente.¿ sería igual qué ellos? No, ni hablar, su caso era diferente. Lo tenía que hacer para sobrevivir. Los sollozos empezaron a dejar lo más profundo de su alma para salir al exterior.  En cuanto cesaron los golpes,  se secaron las lágrimas. No había por qué llorar, ella solo quería volver a por su pequeño. Empujo a aquel obeso hombre a un lado, su cuerpo inerte era aun mas repulsivo. Le  escupió, un único escupitajo que fue a parar entre ceja y ceja. Cojeando siguió corriendo, no podía arriesgarse a caminar, aunque le doliera todo el cuerpo. Pero seguía perdida. Se detuvo un minuto, necesitaba pensar hacia donde dirigirse. ¿Derecha, izquierda, norte o sur? Decidió seguir recto, a algún sitio llegaría, pero si no llegaba a ubicarse, moriría allí. Sería una muerte lenta, dolorosa y agonizante. Sí, seguiría recto. Volvió a correr, no, se paró en seco. Sería mejor caminar y no cansarse, necesitaba todas sus energías para huir. Escuchó un ruido, se preparó para echar a correr. El mismo ruido, un acto reflejo la hizo girarse involuntariamente. Idiota, susurró mentalmente, La tan deseada sensación de alivio la invadió cuando vio el origen de dicho sonido, un cervatillo. Un jodido cervatillo.
-Te estás volviendo paranoica Jane-Dijo en voz alta, mientras volvía a girarse con otro suspiro.
-No lo creo, solo jodidamente peligrosa.- Dijo otra voz, la voz de su captor.
Pero era imposible, juraría que lo había matado. No podía ser cierto, era un pesadilla. Tenía que ser una maldita pesadilla. ¡No! Aquel grito, aquel último grito desesperado, aterrado, impotente se coló en sus pensamientos mientras sentía el frío de una bala atravesar su cerebro. La imagen de su pequeño acudió a ella, aquel niño sonriente que esa misma mañana antes de ir a la escuela le había dicho que era la mejor madre del mundo y cuanto la quería. Y mientras se desplomaba en el suelo, volvió a escuchar la voz de aquella chica sin cara, y su promesa, aquella promesa que ya no podría cumplir.

viernes, 30 de diciembre de 2011

§ Capítulo II / Parte II §

La Huida: Parte II
-¿Qué coño pasa Mike? ¿Qué son esos gritos?- Vociferó él, pero calló en el mismo instante en el que vio la escena de aquel lúgubre sótano.
-No.. no lo sé, yo… el agua…. Y luego…- Trató de explicar la situación Mike, aunque sin muchos resultados.
-¿Qué coño has hecho imbécil?
-¡Nada! Te lo juro, yo solo le he dado el maldito vaso de agua, luego… luego…
-¡¿Luego qué?!- Gritó el ‘Jefe’. Con cada palabra, el miedo a ser descubierta aumentaba en Jane.
-No lo sé, simplemente se desmayó ¡O qué se yo! Le he tomado el pulso y solo parece inconsciente.
-Está bien, no pasa nada, seguramente ha sido por el miedo, tú vigílala  mientras yo voy a por un poco de alcohol.
Sí, aquel grito eufórico invadió la mente de Jane, cada vez estaba más cerca de su pequeño. Cuanto lo echaba de menos, en cuanto saliera de allí se lo llevaría a otro país, uno mucho más seguro, quizá Inglaterra… Con mucho cuidado empezó a cortar la cuerda que la retenía con aquel trozo de cristal. Despacio, un solo movimiento en falso y acabaría bajo tierra. Cada fricción entre el cristal y la cuerda la acercaba a su liberación. Un poco más, tan solo un poco más y podría escapar de aquel sitio. En cuanto se hubo liberado de la atadura, aprovechando que Mike estaba de espaldas, se acercó a él  con discreción. Lento, paso a paso, sin hacer el menor ruido. Cuando estuvo a su espalda apretó con fuerza el cristal. No le importaba la sangre que corría por su mano, ni que ésta cayera al suelo gota a gota. Tan solo quería hacerle daño, como él se lo había hecho a ella. Sin pensárselo dos veces, le clavó el sangriento trozo de cristal que tenia por única arma en el cuello. El mismo cuello que momentos antes había estado cerca de ella únicamente para comprobar sus pulsaciones. Un ahogado gemido salió de esa garganta, el último gemido, una muerte silenciosa, justo lo que necesitaba. Removió el cristal, lo sacó y lo enterró una vez más. La sangre no dejaba de brotar. No le importaba, se salvaría, además él se lo merecía. Mike exhaló su último respiro. Jane sin desperdiciar un solo segundo lo registró con manos temblorosas. Chicles, tabaco, un mechero, llaves, y una pistola, sin balas. Genial, pensó. Cogió las llaves imaginando que pertenecerían al coche en el que la habían secuestrado. Lo encontraría y huiría en él. Cuidadosamente, sin emitir sonido alguno, se levantó y se dirigió a la puerta. Con mucha precaución, haciendo que chirriara lo menos posible. Observó la estancia, habían unas escaleras enfrente suyo, deberían sacarla del sótano, a su derecha habían dos puertas, no sabía a donde llevarían, aunque tampoco pensaba averiguarlo. Pero algo la detuvo…Una voz, un llanto, una chica pidiendo socorro. Dios, desearía ayudarla, pero eso complicaría su huida. Se acercó a la puerta, la golpeó levemente, y susurró, lo suficientemente alto como para que la pudiera escuchar.
-Shhhh tranquila, escúchame, te sacaré de aquí, pero no ahora. Sería imposible, nos matarían a las dos. Ahora me tengo que ir ¿vale?
-¡No! Por favor, no te vayas, ese… ese hombre… No me dejes con él por favor-suplicó entre lágrimas aquella chica, aquella que por suerte no tenía cara para ella. Menos caras, menos pesadillas, era sencillo.
-Tranquila, te salvaré, pero no ahora. No te va a pasar nada, te lo prometo- Dijo Jane. Aunque esa era una promesa arriesgada, si se tenían en cuenta los peligros a los que se enfrentaba al intentar huir.
Jane subió las escaleras, abrió la puerta y con precaución miró a ambos lados, para asegurarse de que el ‘Jefe’ no se encontraba por ahí. Oyó ruidos en el piso de arriba. Genial pensó. Más tiempo, más probabilidades de huir, sencillo. Salió de la casa y miró a su alrededor. Tal y como había pensado al principio, estaba en medio de un bosque. Con un poco de suerte, habría una carretera concurrida no muy lejos. Entró en el coche y suplicando al cielo que la protegiera, lo encendió. ¡Mierda, mierda y mierda! No había gasolina. ¿Cuánto tiempo tendría para correr antes de que el ‘Jefe’ encontrara a su compinche muerto y la celda vacía?

jueves, 29 de diciembre de 2011

§ Capítulo II §

La Huida.
Tiempo, el tiempo para conseguir escapar aumentaba, y con él, las probabilidades de conseguirlo.
Frío, el suelo en el que se encontraba tumbada Jane a la espera de sus captores estaba frío. Tenía que conseguir escapar, de cualquier forma, pero con cuidado, no podía arriesgarse demasiado, la podían oír, o ver y entonces… No, no debía pensar en ello, tenía que ser positiva. Lo conseguiría, conseguiría escapar, tan solo necesitaba un plan, un jodido plan. Piensa Jane, piensa. Sus manos estaban atadas, una cuerda, un cristal, sí, lo había visto en muchas películas, funcionaría, tenía que funcionar. Sin pensárselo dos veces gritó, gritó con todas sus fuerzas hasta que ellos acudieron.
-¿Qué te pasa gatita, piensas sacar tus garras ahora para escapar? No lo conseguirás, nunca lo consiguen.
-Yo…yo… tengo sed.- La mirada de sus captores se volvió cautelosa ante la petición de Jane.
-¿Con que sed eh? ¿Tú qué crees Mike? ¿Crees que nuestra pequeña gatita nos la intentará jugar?- Preguntó aquel hombre tan espeluznante a su secuace.
-No lo sé jefe, pero creo que lo más seguro sería no confiarnos demasiado- Replicó Mike
El 'Jefe' se acercó a ella, su olor, otra vez ese olor nauseabundo. Sus manos, grasientas, como siempre, pero esta vez tenían un olor diferente a todo lo demás. ¿Pinos? Quizá. ¿Significaría eso que la retenían en medio de un bosque? Mierda. Eso disminuía las posibilidades de escapar. Daba igual, lo lograría. Tenía que lograrlo. Si tan solo tuviera una mínima oportunidad.... Los pensamientos de Jane se esfumaron al sentir el roce de su mano. Dios, cómo odiaba ese tacto. La mano bajaba. El ritmo era lento pero constante. Por favor Dios, haz que pare, suplicaba Jane mentalmente. Intentaba no temblar, pero no lo podía evitar, con cada manoseo sus entrañas se revolvían. Paró, en ese momento una sensación de sosiego la invadió. Pero al escuchar sus palabras, su cerebró se paralizó por completo.
-Muy bien gatita, te traeremos un vaso con agua, pero por el bien del pequeño Mark te convendría ser buena.
¿Mark? ¿Su pequeño? Un grito terrorífico invadió la mente de Jane. Otra razón más para salir de allí con vida. Imágenes de su pequeño, su niñito, su razón de vivir. Recuerdos, más recuerdos, dolorosos, muy dolorosos. Las lágrimas caían por sus mejillas. Dios, como echaba de menos a su hijo. Se suponía que ese día lo llevaría a casa de su tía. Recordaba perfectamente la gran sonrisa que adornó el rostro del pequeño cuando se lo comunicó. Daría cualquier cosa por poder abrazarlo, besarlo, o tan solo decirle cuanto significa para ella.
Pasos, sus captores regresaban. Su plan, tenía que salir bien. Saldría bien, sí, en unas horas volvería a ver a su pequeño. Un chirrido, la puerta se abría. Intentaba ser positiva, pero sabía que si algo salía mal…. ¡NO! No debía pensar en eso, lo conseguiría.
-Toma, ¡y no intentes nada raro!- Farfulló Mike.
Un momento ¿y el otro? Daba igual, mejor aún. Empezó a temblar, esperaba que  no se notara que fingía. El vaso se resbaló entre sus manos, chocó contra el gélido suelo al mismo tiempo en que su cuerpo se deslizaba al mismo.
-¡Mierda!- Gritó Mike- ¡Jefe! ¡Jefe! ¡Mierda!.
Los nervios de Jane aumentaban por segundo. ¿La descubrirían? Con mucho sigilo movió su mano hasta uno de los trozos de cristal. Ya casi estaba, solo un poco más. Sintió el aliento del tal Mike sobre su cuello, aguantó la respiración mientras éste le tomaba el pulso.Percibió aquel característico sonido de la puerta al abrirse. El 'Jefe' se aproximaba.
-¿Qué coño pasa Mike? ¿Qué son esos gritos?- Vociferó él, pero calló en el mismo instante en el que vio la escena de aquel lúgubre sótano.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

§ Capítulo I §

La aparición de la Bestia.
La habitación estaba fría, podría llegarse ha decir que incluso húmeda. En el ambiente se podía respirar el olor a rancio, su olor, ese olor inconfundible. Un escalofrío recorrió la espalda de Jane mientras un sentimiento indescriptible la invadia. Miedo, si, miedo, ese era el sentimiento. Intento pestañear, pero incluso aquel leve movimiento la llenaba de dolor. Lo normal si estas llena de hematomas. Se fijó en el techo, un fluorescente parpadeaba. Típico, pensó Jane. Siguió mirando, tuberías, ventanas tintadas,  más tuberías. De repente volvió la mirada hacia la esquina derecha. Sí, había visto bien, justo en dicha esquina había una especie de trampilla. Si tan solo consiguiera soltarse tendría alguna posibilidad de escapar de aquel demente… Un ruido, quizás pasos, por su fuerza de un hombre. Recuerdos espeluznantes invadieron sus pensamientos. Un aparcamiento, la luna, una rueda pinchada, y un amable hombre cuarentón, o eso había creído a simple vista. Un chirrido, una puerta abierta. Más miedo, Jane temblaba compulsivamente. Y como era de esperar, una voz, esa voz inolvidablemente terrorífica.
-Vaya, vaya, vaya. Mira Mike, parece que nuestra pequeña gatita ya se ha despertado- Dijo su secuestrador.
–Eso veo jefe.
Al parecer Mike era solo un secuace, pero ¿qué podrían querer de ella? ¿Venganza? Imposible, ella ayudaba a la gente no les hacia daño.
-¿No piensas hablar gatita?-Preguntó aquel hombre tan horripilante.
-Yo… yo… ¿qui… quien eres?- Tartamudeó Jane. Por lo viso lo único de lo que se sentía capaz.
El susodicho tan solo rio. Y despacio, muy despacio, la empezó a acariciar. Su mano era gorda, nauseabunda la describiría mejor. Esa mano que momentos antes amablemente cambiaba la rueda de su coche. Grasosa y grande, la típica mano de un hombre repulsivo. Jane sintió otro escalofrío cuando la mano en cuestión empezó a deslizarse debajo de su blusa, la que se suponía que era su blusa de la suerte. Río mentalmente, si esto era la suerte…
-Creo que nos podrá servir Mike, aunque particularmente prefiero a las rubias y más voluptuosas, esta es bastante mona- Dijo el secuestrador.
-Vamos, que no vomitarás mientras te la follas ¿no?
Ambos hombres empezaron a reír a carcajadas. Como podéis imaginar, sus risas eran igual que todo en ellos, repugnantes. Algo en aquella frase llamó la atención de Jane ¿follar? ¿La pensaban violar? ¿Con qué fin? Con cada segundo la preocupación y el miedo de Jane se multiplicaban por cien. Sin darse cuenta emitió un ahogado gemido, sonido ante el cual la atención de sus captores volvió a ella. Su secuestrador volvió a hablar, jamás olvidaría esa voz. Estaba segur de que si conseguía salir de esa,  soñaría con esa voz todas las malditas noches.
-Tranquila gatita, es demasiado pronto aún.
Alivio, si, alivio. Esa sensación de tranquilidad momentánea la llenó. Tiempo, el tiempo para conseguir escapar aumentaba, y con él, las probabilidades de conseguirlo.