Capítulo IV: Noche Nefasta.
-Hola, buenas noches señorita. Mi nombre es Dan verá… soy agente de policía… ¿Me permite entrar, por favor?- dijo el oficial con una mirada compasiva en el rostro.
En ese momento escuchó los movimientos de su sobrino en la cocina. La imagen del pequeño la impulsó a tranquilizarse, por ello asintió frenéticamente mientras hacía pasar al desconocido. Él se quitó la cazadora mientras murmuraba unas escuetas gracias. Mary no pudo evitarlo, deslizó la mirada desde su vigoroso cuello, bajando por su ancha espalda y recorriendo sus fuertes brazos, marcados dentro de aquella apretada camisa negra. Sin poder evitarlo continuó bajando su mirada, su culo era simplemente impresionante. Sintió como se le secaba la boca y el aliento se le escapaba. Dan se dio la vuelta, y Mary levantó la mirada todo lo rápido que pudo. Y oh su Dios, esos ojos, aquellos maravillosos ojos eran de el verde más intenso que ella jamás había visto. Unos pequeños pasos que correteaban por el pasillo la devolvió a la Tierra, y la voz del pequeño mientras irrumpía en la entrada se llevó toda su atención.
-¡Tía Mary! ¡Tía Mary! ¿Dónde está mi…?- La voz de Mark se fue apagando a medida que su cerebro captaba la presencia del extraño que en esos momentos invadía el vestíbulo de la casa de su tía.
-Verás cariño, no era mamá… Supongo que vendrá más tarde… ¿Por qué no vas a ver un rato los dibujos mientras yo hablo con el señor?- le dijo al pequeño
-Emm está bien… ¿pero puedes venir conmigo?- Le pidió Mark.
-Claro que sí campeón, ve subiendo mientras yo lo acompaño a mi despacho- Dijo Mary con una gran sonrisa en el rostro. Esperaba que lo que le hubiera dicho al niño no fuera mentira. Deseaba con todo su corazón que el policía estuviera allí por alguna multa del año pasado por aparcar mal.
Le dio un beso en la cabeza y un empujoncito en la espalda al pequeño y lo observó subir las escaleras corriendo. Se giró con toda el sosiego y la calma que pudo hacia Dan. En sus ojos se podía apreciar más compasión por segundo.
-Acompáñeme. Por aquí por favor- Musitó en un murmullo apenas audible.
Ni siquiera esperó a que él respondiera, se dio a vuelta de inmediato y puso rumbo a su despacho. Abrió las puertas de dicha sala y esperó hasta que el pasara antes de cerrarlas e ir directamente hacia la seguridad de la gran mesa de caoba que se hallaba en el centro de la habitación.
Dan observó cohibido el despacho de aquella mujer. Esto era lo que más odiaba de su jodido trabajo. Esperaba con ansia el momento de irse a su casa y olvidar toda esa mierda. Ojala no llorara, no soportaba las lágrimas. Miró a su alrededor, todo en aquella casa transmitía riqueza y elegancia, aunque la dueña en particular, vestida con unos vaqueros baratos y una maxi-blusa, no pegaba en esa estampa. Estaría muchísimo en su casa, en su cama. Dios, tenía que centrarse, había ido a decirle que su hermana había sido encontrada colgando de un jodido puente, y todavía no sabía ni como coño iba a empezar. Mary inclinó la cabeza señalando una de las sillas en frente del escritorio, invitándolo a sentarse.
-Usted dirás porque está aquí, aunque no creo que una multa de tráfico lo haya traído hasta mi casa a estas horas- Le dijo Mary.
-No, verá… yo estoy aquí por su hermana…
Mary no lo dejo continuar, las lágrimas salían de sus ojos y no había modo alguno de detenerlas. Apoyó los codos sobre la mesa y su cabeza en sus manos. ¿Por qué su hermana? Era una especie de súper mujer, jodidamente perfecta en todo. Y ahora de repente no estaba, no la vería nunca más, no oiría sus consejos sobre un cambio de vida. Y Mark ¡Joder! ¿Cómo le iba a decir al niño que su madre estaba muerta porque…? Ni siquiera sabía como había sido. Se obligó a levantar la cabeza y formular la pregunta que rondaba su cabeza.
-¿Có… cómo ha sido?
Dan tomó aire, llegaba la parte más difícil de su trabajo y ya había empezado a llorar. ¿En qué estaba pensando al hacerse policía? Já, como si no lo recordara perfectamente. Las mujeres era en lo único en lo que pensaba por aquel entonces, y a ellas al parecer les encantaban los uniformes… Volvió al presente.
-Bueno…- La verdad es que Dan no sabía muy bien por donde empezar- La causa de la muerte fue un disparo en la cabeza.
-¡Oh Dios mío!- Los ojos de Mary estaban húmedos y las lágrimas no cesaban- ¿Dónde la han encontrado?-Preguntó entre sollozos.
-En un puente… estaba colgando del puente… Yo, lo siento mucho- Y era verdad, Dan no soportaba verla llorar, sus sollozos le rompían el alma en pedazos- Creemos…Estamos casi seguros de que su hermana ha sido víctima de una organización, ha habido ya otros casos parecidos y…
Al escuchar esas palabras Mary estalló.
-¡¿Perdone?! ¡¿Está diciéndome que ya han muerto otras mujeres por culpa de algún malnacido y no han hecho nada para atraparlo?!
-No, estamos trabajando en ello. En un caso muy delicado y no lo puedo comentar con nadie, mucho menos con familiares de alguna de las victimas.
-Ya… ¡Mi hermana está muerta! ¡Muerta! ¿Y lo único que es capaz de decirme es que no me puede decir nada?- El llanto de Mary era cada vez mayor.
-Yo no he querido decir eso. Verá… ¡Cálmese y podremos hablar!-Explotó Dan, y continuó cuando las lágrimas dejaron de brotar de los ojos de Mary- Verá, hay una organización, no se a que se dedican, eso solo lo saben los peces gordos, yo solo se lo que hacen cuando las mujeres a las que secuestran intentan escapar. Las matan, y luego las hacen irreconocibles, les quitan la sangre y los órganos. Y bueno su cara… digamos que las dejan sin cara.
Los ojos de Mary estaban abiertos como platos, horrorizados, no se podía imaginar todo el dolor y sufrimiento por el que habría pasado su hermana. Y Mark, no sabía cómo decírselo al pequeño.
-Yo… nos tenemos que ir. El secuestrador al parecer tenía prisa y cometió un error al tratar con el cadáver de su hermana. La mantendremos informada de todo, no hace falta que me acompañe a la puerta, conozco el camino.