Capítulo IX: Origen homicida.
Mientras
bajaba las escaleras, Mary no dejaba de pensar en lo que había pasado hace unos
segundos, más bien en lo que había estado a punto de pasar. No sabía que le
había pasado a su cerebro, pero de lo que sí estaba segura era de que no iba a
volver a pasar. Aunque tuviera que mantenerse alejada de Dan, se dijo a sí misma,
mientras un sentimiento que no supo identificar estrujaba su pecho. Al entrar en su despacho, una palabra acudió a su cerebro. Miedo, tenía
miedo, miedo a volver a fracasar. Antes de que pudiera seguir pensando en ello,
se abrió la puerta, y apareció Dan. Mary se fijó en su aspecto. Desaliñado lo
describiría a la perfección. Sí, desaliñado, pero también encantador. Recorrió su cuerpo con la mirada, e
inmediatamente volvió a sentir aquella electricidad, la misma que había
invadido su cuerpo minutos antes. Al darse cuenta de que él la observaba apartó
la mirada rápidamente.
-Siéntate,
por favor- Dijo Mary.
Dan
estaba delante de ella, no sabía que hacer. Momentos antes todo había
desaparecido, y luego… nada. Se estaba volviendo loco, concretamente desde la
noche en la que la conoció. Había intentado olvidarla miles de veces, millones
incluso, pero nada había valido. Ni otras chicas, si el celibato…. Nada. Y
ahora la tenía frente a él y no tenía ni idea de que decir. El silencio era tenso
y estaba dispuesto a decir cualquier cosa, pero antes de que pudiera abrir la
boca y cagarla aún más, Mary se adelantó y dijo.
-Bueno,
supongo que quieres saber que me ha dicho esa mujer ¿no?
-Emm,
sí claro, pero si no estás preparada podemos quedar mañana, o cuando tú
quieras, cuando te sientas mejor, más tranquila…
-¡No!-Se
apresuró a decir Mary, no creía que pudiera aguantar una hora más a su lado sin
caer rendida a sus pies- No, de verdad, no hace falta. Yo… estoy mejor.
-¿Segura?-Inquirió
Dan- Porque no quiero que te sientas presionada.
-Sí,
estoy segura. Solo… no te desesperes si me falla la voz en algún momento ¿vale?
-De acuerdo.
La
mente de Mary rebobinó hasta su encuentro con la chica en la sala de
interrogatorios de la comisaría. Reprodujo mentalmente, con mucho detalle y
precisión, la conversación. Y, sin darse cuenta, empezó a hablar en voz alta,
bajo la atenta mirada de Dan.
- Lo siento tanto, necesitaba el dinero, no
sabía lo que pasaría. Y lo amaba tanto… Nunca me imaginé que pudiera hacer algo
así. Me tenía engañada, me juró amor eterno, me dijo que no había secretos
entre nosotros, pero era un monstruo...Adam era tan guapo, debes
imaginarte cómo se sintió alguien como yo, el patito feo de la familia,
alguien que siempre pasa desapercibida, cuando alguien como él se fijó en mí
.Lo único que puedo decir es que estaba tan necesitada de cariño, que no quise
ver todo lo malo de él. Si pudiera volver atrás y salvar a tu hermana lo haría,
sin dudarlo, ella estaba tan llena de vida, era tan buena, no merecía morir así
-Shhh tranquila, todo está bien, relájate… Muy bien,
¿estás mejor?
-Sí, aunque no deberías de ser tan buena conmigo, soy
igual que él, un monstruo…
-¿Qué has hecho para que deba suponer que eres un
monstruo? ¿Y quién es él, Adam?
-Verás,
conocí a Adam el verano pasado. Si tú también lo hubieras conocido entonces no
te habrías imaginado la verdad. Era encantador, me hizo creer tantas cosas… Yo
lo amaba, me hacía sentir tan bien, tan guapa, tan querida… Por un tiempo me olvidé
de cómo soy en realidad, y fui feliz, muy feliz.
-Pero
tú ya eres guapa, muchísimo…
-Ahora
lo se, pero antes… Mi familia siempre me menospreció. ¿Por qué? Sencillo, me
adoptaron, al principio todo era perfecto, pero luego la mujer se quedó
embarazada, y cuando nació Natalie yo deje de ocupar un sitio en sus vidas,
simplemente era una persona a la que daban techo y comida. Tiempo después me gradué,
y empecé a trabajar. Monté mi propia empresa de caterin, y así fue como conocí a
Adam. Estábamos trabajando en la recepción de una boda, la de su madre. Él la
quería mucho, demasiado, ¡estaba obsesionado con ella! Si me hubiera dado
cuenta a tiempo… La podría haber salvado, a todas ellas
-Tú no
tienes la culpa de nada, fue él, te engañó.
-Gracias,
pero no deberías ser tan amable, al fin y al cabo pude haber salvado a tu
hermana…
-No,
estoy segura de que si hubieras podido la habrías salvado.
-¿Cómo
estás tan segura?
-Porque
ahora que lo sabes me estás contando todo esto, estas salvando muchas vidas.
Por eso te pido que continúes.
Mary
estaba tan concentrada recordando todo aquello, que ni siquiera escuchó el
grito de Mark.