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viernes, 12 de octubre de 2012

§Capítulo XI:5/6§


-¿Y cuánto tiempo llevas casada con Dan?-Preguntó Rose desde el inodoro.
-Emm, poco tiempo la verdad. Ha sido algo muy repentino.- Le contestó Mary mientras se guardaba las llaves y buscaba cualquier otra cosa que le pudiera servir.
-Amm… La verdad es que estoy bastante sorprendida, desde lo de Charlotte nadie esperara que se volviera a enamorar, y mucho menos que quisiera otro hijo. ¿Cómo os conocisteis?
Había encontrado una tarjeta. Estaba concentrada rebuscando en el bolso de Rose, pero ¿qué había dicho? ¿Otro hijo? Estaba deseando preguntarle de qué hablaba pero sabía que eso levantaría sospechas. Mientras cambiaba los bolsos de sitio se maldijo mentalmente. ¿Cuál se suponía que era la respuesta correcta a esa pregunta?
-Sí, bueno… En realidad es una historia muy larga y creo que mi pedido ya está listo. Además, ¿no querrás hacer esperar demasiado a James no?- Dijo Mary mientras Rose salía del baño.
-Eso mismo me ha dicho él esta tarde cuando se lo pregunté. Pero tienes razón deberíamos volver ya- Después de lavarse las manos se puso un poco mas de pintalabios, mientras Mary sonreía incómoda.
Salieron juntas del baño y se reunieron con James. Mary se despidió educadamente de ambos, les deseó una agradable velada y fue a recoger su comida.
Dentro del coche, respiró lenta y profundamente varias veces,  y pensó en lo que iba a hacer. Se maquillo para la ocasión y encendió el motor. Condujo hasta las oficinas del FBI. Esperó. Los minutos pasaban, y sentía como su corazón latía al compás del segundero de su reloj. Y entonces, sólo entonces, cuando una solitaria gota de sudor estimulada por los nervios se deslizaba lentamente por su mejilla izquierda, vio moverse al guardia de la entrada. Empezaba su ronda. Se puso una peluca morena, esperaba que las cámaras de seguridad no fueran muy buenas. Con el paso rápido se dirigió a la entrada. Todavía podía ver algunas luces de las últimas plantas encendidas. Aligerando aún más el paso llegó a la gran puerta de cristal. Rebuscó en el bolso de Rose y sacó una tarjeta de identificación, la pasó por el lector de la entrada y un inmenso alivio recorrió cada milímetro de su cuerpo cuando el aparato emitió una luz verde y no saltó ninguna alarma. Rápido, antes de que alguien pudiera descubrirla entró en el edificio, fue hacia los ascensores y subió a la tercera planta. Con cada paso se ponía más nerviosa, aun peor, el maldito segundero no dejaba de emitir aquel estresante sonido. Para su suerte no había ninguna oficina con la puerta abierta. Rápidamente se encaminó hacia el despacho de Dan. Sacó el llavero del bolso y empezó a probar con cada una de ellas. La primera, nada. Nada. Nada. Le temblaban las manos, no recordaba la última vez que se había puesto tan nerviosa por algo. Al fin, consiguió dar con la llave correcta. Cerró la puerta con cuidado, ya había llegado demasiado lejos como para que alguien la pillara ahora. Encendió el ordenador y esperó. Contraseña, genial.
No era muy buena con eso. Abrió los cajones en busca de cualquier cosa que pudiera ayudarla. ¿Cómo demonios no se le había ocurrido que el ordenador de un agente del FBI estaría protegido por una contraseña?
Miró en la agenda de Rose, números de teléfono, apellidos, fechas, todo ello al derecho y al revés. Nada. Nada. Nada. ¡Maldición! Abrió el archivador. Miró los últimos documentos y encontró un informe del caso, algo era algo. Apagó el ordenador con la certeza de que volvería. Estaba a punto de irse cuando se le ocurrió mirar en el ordenador de Rose. ¿Cuánto tiempo más tendría hasta que apareciera un guardia o saliera alguien de algún despacho?
Repitió el mismo proceso, y encontró otro informe. Como suponía ese ordenador también le pedía contraseña.
Decidió apagar el ordenador, total, tendría que volver mañana a cambiar los bolsos. El ordenador se estaba apagando, justo entonces oyó cerrarse la puerta de alguna oficina y abrirse las del ascensor. Maldijo a su suerte mil veces mientras sus ojos recorrían toda la sala en busca de un sitio para esconderse. Tenía 30 segundos, 29, 28…¿Cuál sería la condena por allanamiento de  un edificio del Gobierno?