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jueves, 5 de enero de 2012

§ Capítulo III §

Capítulo III: Fin del viaje.


Aquel escalofriante hombre se acercó al cuerpo inerte de Jane, comprobó que la bala de calibre 32  había travesado por completo su masa cerebral, y la colocó sobre su hombre izquierdo. Fue hasta la cabaña, no le costó mucho trabajo ya que Jane no pesaba más que una pluma. La llevó hasta el sótano, el que momentos antes había sido su prisión y del que intentó huir. Abrió con la mano que tenía libre la última puerta de la fila derecha, pero se detuvo al escuchar un sollozo proveniente de la habitación continua. Mierda, se había olvidado de la otra. Tendría que llevársela a otro sitio, uno con más seguridad. No podía permitirse el lujo de perder a otra, si algo le pasaba a esa,  su cabeza rodaría por los suelos. Tumbo el cadáver sobre la mesa. La sala era una especie de quirófano clandestino. A la derecha había una mesa, y sobre ella aparatos quirúrgicos. Jane se encontraba en el centro. Y a la izquierda se encontraba una nevera industrial. Empezó a desnudar el cadáver de Jane. Admiró sus pechos, rebosantes y llenos dentro de un sujetador negro de encaje. La levantó un poco, lo suficiente para quitárselo. Un pensamiento pecaminoso cruzó por su cabeza. Dios, se estaba volviendo un depravado sexual. ¿Necrofilia? Desde cuando se empalmaba con muertos. Sí, estaba buenísima para tener un hijo de 5 años, pero no, no la tocaría más de lo necesario. No se la podía dar muerta a su jefe, pero todavía valía para el otro mercado. Sin perder tiempo cogió un bisturí. No tenía tiempo que perder o sus órganos tampoco valdrían, y entonces se podía dar por muerto.  Cogió bolsas de plástico y un par de guantes de látex.  Se acercó al cuerpo sin vida de Jane. Acercó el bisturí a su cremosa piel.  Despacio, con mucho cuidado de no dañar ningún órgano, fue abriendo su cuerpo. Extrajo cada órgano y lo deposito en una bolsa diferente. Sin perder un solo segundo los metió en la nevera industrial. Regresó a la mesa y empezó a coserla. Paciencia, solo necesitaba un poco de paciencia. Maldijo el día en que se metió en ese maldito mundo. Recordó su anterior vida, era feliz, si era jodidamente feliz. Pero luego llegó Sam. Oh Sam, sí, recordaba a la perfecta Samantha Westorm. Aquella pequeña zorra le había jodido bien la vida. Ella y lo que él pensó que era el amor. ¡Maldita sea! Mejor no pensar en ello, la sangre le hervía solo con recordar la primera vez que la vio y como cayó rendido a sus pies con su maravillosa sonrisa. Dios, si pudiera volver al pasado, la atropellaría con todos los jodidos carritos del supermercado.  Volvió al presente, se tenía que concentrar en la muerta. Cogió otro instrumento quirúrgico, y empezó a quitarle la piel del rostro. Siempre lo mismo, huían, las cogía, disparaba, y luego las hacía irreconocibles para la policía. Apagó la luz, y cogió la  luz ultravioleta. Muy lentamente la pasó por todo el cuerpo desnudo. No podía dejar ninguna huella, ninguna pista. Cuando todo estuvo perfecto, volvió a vestirla. La puso sobre su hombro otra vez, y la cargó hasta el coche. Se hacía de noche y tenía un hambre de mil demonios. Pronto acabaría todo. La puso en los asientos de atrás y volvió a la cabaña. Cogió la garrafa de gasoil, y llenó el tanque del todoterreno. Se dirigió una vez más al sótano, entró en la misma habitación en que había abierto en canal el cuerpo de Jane. Cogió un bote, en la etiqueta ponía cloroformo, y un pañuelo. Simple precaución, no necesitaba más contratiempos. Abrió la puerta de la habitación de al lado, y de inmediato reconoció el pánico en aquellos ojos de zafiro.
-Shhhh tranquila, no tengas miedo. Mientras no seas tan imbécil como la otra y no intentes nada raro, no te va a pasar nada. Bueno nada…Vivirás, eso es suficiente- Susurró.
Los sollozos de la chica aumentaban mientras asentía frenéticamente con la cabeza. Sabía lo que había pasado. Había escuchado el disparo, y no era idiota. Ahora nadie la podría salvar. No importaba, se lo agradecería eternamente a esa misteriosa mujer. Al escucharla hablar consiguió una pizca de tranquilidad, además ella había muerto, se había arriesgado y había muerto. Para ella, eso era mucho más que cualquier otra cosa. Podía haberla ignorado simplemente, pero no, intentó ayudarla.  Al ver que el hombre se le acercaba con un pañuelo mojado en la mano el miedo invadió su cuerpo. El hombre la cogió por el pelo, y apretó fuertemente el pañuelo a su nariz.
No lo pudo evitar, inhaló el cloroformo, y pronto su cuerpo comenzó a adormecerse.
Sin detenerse, la metió en el coche, junto al cadáver. Arrancó y salió a la carretera, era una carretera secundaria, poco circulada. Precaución, solo precaución, siempre precaución. Llego un puente. Paró el coche y se bajó de él. Se dirigió hacia el maletero y cogió la cuerda. Sacó el cadáver de Jane, pasó la cuerda por su cuerpo, y ató el extremo opuesto al poste. Sin ningún miramiento empujo el cuerpo y se marchó, dejando el cuerpo inerte colgando de aquel viejo puente.

********
-¿Cuándo va a venir mi mamá a por mi tía Mary?- Dijo el pequeño Mark.
La verdad es que no lo sabía. ¿Dónde coño se había metido su hermana? Sin embargo lo único que pudo decir fue.
-Pronto, ahora termínate la cena Mark, o mamá se enfadará cuando llegue.
Era muy raro, la había llamado al móvil más de cien veces, le había dejado mensajes en el buzón y nada, había incluso llamado a su puñetero trabajo. ¿Y qué le dijeron? No aquí no se encuentra, es más no ha venido en todo el día. Había tenido que dejar a su paciente en medio de la terapia porque la habían llamado del colegio de Mark. Miró al niño, blanco, rubio y con los ojos azules de su padre. Recordó su mirada al ir a recogerlo minutos después de la llamada, y la tristeza en sus ojos al darse cuenta de que no era su madre. Jodida Jane, más le valía tener una buena explicación. En ese momento el timbre sonó. Tenía que ser Jane. ¡Por fin!
-Ves Mark, tu madre ya está aquí, anda acaba de cenar mientras yo abro- Le dijo a su sobrino.
Fue hasta la puerta y la abrió, la bronca que le iba a echar estaba en su cabeza pero se esfumó en cuanto vio a un desconocido delante de ella. El desconocido llevaba uniforme de policía. De pronto un pensamiento funesto le rompió el corazón. Empezó a sacudir la cabeza negándolo, mientras las lágrimas surcaban su rostro.
-Hola, buenas noches señorita. Mi nombre es Dan verá…

2 comentarios:

  1. Pobre Mark,cuando se entere, madre mia....
    Y al fin aparecio Dan, joer ya era hora, XD
    jajaja,q puto ese q me dan ganas q yo arrancarle la piel a ese imbecil, vale ya,tranquila (respira)
    Jajaja ves lo q tu nove me hace hacer, espero el otro capi prontito, please
    Besitos
    Johanna

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  2. oh dios tía, es genial en serio, tienes que subir mas mas mas mas & muchos mas *_* JAJAJAJ
    <3

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