Capítulo VI: Déjà Vu.
Bien Dan, ahora si que la has cagado pero bien, murmuró el oficial para sus adentros. Mary cada vez estaba más cerca, y los sentimientos que su hermoso rostro revelaba no presagiaban nada bueno. Tomó aire y se armó de valor. Despacio, con movimientos premeditados, metió la mano en su bolsillo izquierdo, saco un paquete de cigarrillo, cogió uno y empezó a fumárselo mientras se alejaba del cementerio, consciente de la cabreada mujer que lo seguía sin aminorar el paso. Se dirigió hacia su coche, a la salida, y cuando estuvo junto a él se apoyó en la puerta del copiloto, esperando a que aquella fiera empezara con sus recriminaciones, mientras se fumaba su cigarrillo fingiendo ser inconsciente a su rabia. Y de pronto estalló.
-¡¿Se puede saber que hacía aquí, escondido como un sucio delincuente?!- Exigió saber Mary, aún incrédula.
Silencio, aquel arrogante no se molestaba en contestar, seguía allí, apoyado en su deportivo tan tranquilo, como si interrumpir el entierro de su hermana no hubiera sido nada fuera de lo común.
-¡Eo! Estoy aquí, justo enfrente suyo ¿sabe?
-Sí, la veo-Fue todo lo que pronunció Dan como respuesta.
-¡¿Y se puede saber por qué se queda ahí, atontado, cómo si nada?! ¡¿Es que no piensa contestarme?!
-Sí, por supuesto, pero lo haré en cuanto se tranquilice, y deje de estar histérica-depresiva- Replicó él esbozando una media sonrisa.
La incredulidad de Mary aumentaba por segundos. Aquel hombre la acababa de llamar histérica minutos después de haberla hecho salir del funeral de su querida hermana.
-Es usted un cerdo arrogante sin modales oficial, pero pasaré por alto sus insultantes palabras, lo único que quiero es saber por qué estaba escondido tras un árbol mientras enterraban el ataúd con los restos de mi hermana-Dijo Mary empleando todo el autocontrol que le quedaba, que desgraciadamente para Dan, era poco.
-Es muy simple...emm… ¿señorita?- Ironizó él refiriéndose al modo de hablar empleado por Mary-El departamento de policía manda siempre a alguno de sus hombres a los funerales de este tipo de víctimas, y desafortunadamente para usted, en mi comisaría no había nadie libre para ello.
-Entiendo…Pero sigo sin entender que hacía escondido tras un árbol.
-Bueno, el caso es que salí de casa un poco tarde, y luego, para colmo, pinché en medio de la carretera, tardé en cambiar la maldita rueda y, cuando llegué el funeral había empezado, por lo que no me pareció apropiado interrumpir y me quedé junto al árbol.
Mary no pudo aguantar la risa y estalló en carcajadas.
-¿Hoy no ha sido tu día no? Venga volvamos, todavía estás a tiempo de darle un último adiós-Dijo Mary tendiéndole la mano.
Dan le dio la mano, y sintió cómo se le paraba el corazón cuando Mary esbozo una preciosa sonrisa. Lo primero que pensó fue en que ella era como un ángel. Le devolvió la sonrisa mientras apartaba aquellos desastrosos pensamientos de su mente.
Cuando llegaron la ceremonia estaba llegando a su fin, pero tomaron asiento como si nada. Dan volteó la mirada, buscando, sin saber la razón, pero buscando. Y lo vio, el niño estaba sentado en el regazo de una mujer, supuso que sería su abuela, aunque la verdad, el parecido entre la desconocida y Mary no era notable. Mark era ajeno a lo que sucedía a su alrededor, no sabía por qué estaba todo el mundo tan triste, y sin embargo no dejaba de preguntarle a su abuela por su madre. Sintió cómo se le encogían las entrañas al recordar su propia infancia. Se apiadaba del pequeño.
***
Dolor, eso fue lo primero que sintió. Decidió que moverse no era una buena idea. No recordaba nada, pero lo prefería así. No quería sentir, no le gustaba el dolor. Intentó abrir los ojos…Imposible, le dolía demasiado. Extrañas imágenes invadieron su cerebro, recuerdos, borrosos recuerdos. Sentía como una cuerda, posiblemente de nylon, le cortaba la circulación en las muñecas. Intentó abrir los ojos de nuevo, la cabeza le iba a explotar, los oídos le pitaban, pero aguantaría el dolor. Miró a su alrededor, la habitación no estaba del todo oscura, pero el suelo estaba frío, duro y frío. ¿Qué le había pasado? ¿Cómo había llegado allí? Giró un poco su cuerpo, sólo un poco, no demasiado porque no sería capaz de aguantarlo. Un rayo de luz penetraba en la penumbra sala por una rejilla que hacía de ventanas y detrás de la puerta solo la esperaba más oscuridad.