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miércoles, 27 de febrero de 2013

§ Capítulo XII: 1/3 §


Habían pasado tan sólo 30 segundos desde la última vez que consultó su reloj. ¿Dónde demonios se había metido esa mujer? Llegaba ya 15 minutos tarde, y, si algo había aprendido en su trabajo, era que la puntualidad era imprescindible, ya fuese a la hora de salvar vidas o tratando de conquistar a una mujer. Claro que, pensándolo bien, eso no era una cita romántica. Tampoco una reunión de trabajo, ni una misión del F.B.I. Lo mejor sería que dejara de pensar. Paseó la mirada por el restaurante una vez más. Miró cómo aquellas agujas que bailaban en círculos en su muñeca se burlaban de él una vez más. ¿En qué diablos se había metido por culpa de aquella mujer? Su madre estaba histérica en la cocina, preguntando a todo aquel que pasaba si conocía a la misteriosa yankee con la que se había citado su hijo. Eso era, posiblemente, la peor parte de quedar con alguien en el restaurante de tu familia. Menuda sorpresa se llevaría su ‘cita’ cuando descubriera que Luigi’s era prácticamente suyo. Oh sí, se regodearía cuando la viera siendo interrogada por su familia, al fin y al cabo se lo merecía por hacerlo esperar.
Volvió a consultar su reloj: 21:18, marcaba. Frustrado e impaciente dejó que su mirada vagara por el lugar otra vez, pero esa vez, un cambio se produjo en el restaurante. Vio cómo Florenzia, su hermana pequeña, corría hacia la puerta, cómo su madre ponía silencio en la cocina con la esperanza de escuchar algo, cómo su abuelo levantaba la vista del periódico deportivo y esbozaba una pícara sonrisa, pero, sobre todo, vio cómo ella se quitaba el abrigo con aquella sonrisa, aquella que le paraba el corazón, aquella que  esbozaba ella y sólo ella. No entendía por qué su cuerpo reaccionaba de aquella forma tan propia de un adolescente hormonado, y mucho menos cuando hacía tan solo una hora que la había visto. La recorrió con la mirada, de arriba abajo, como si de una gran  obra de arte se tratase, como si nunca antes la hubiera visto, y, en ese momento lo supo. Esa mujer le traería problemas. Pero, supo también, que nunca antes en su vida había sentido tantas ganas de meterse en problemas cómo en aquel momento. Llevaba un vestido verde, por encima de las rodillas, que marcaba a la perfección su silueta hasta la cintura y caía con una falda amplia de vuelos. Sin duda alguna, esa sería la cena más difícil y excitante de toda su existencia.

sábado, 23 de febrero de 2013

§ Capítulo XI:6/6 §

Tenía que pensar rápido si no quería acabar entre rejas, y , claramente ese no era su objetivo de  futuro. El sonido de los pasos se fundía con el de sus latidos. ¿Que podía hacer? 20, 19, 18..
Que Dios se apiadase de mí, pensó Mary, en realidad y sin contar pequeñas travesuras propias de adolescentes, he sido buena ¿no? Demonios, ahora si que la has hecho buena Mary, piensa rápido si quieres volver a sentir la brisa del aire en tu cara.
10, 9, 8...
Sin pensar en lo que hacía se metió debajo del escritorio.
-Hola Michael, ¿otra vez haciendo horas extras?-Escuchó a lo lejos.
-Que va, mi mujer me lo ha prohibido, sólo he venido a por un informe.- Se escuchó cada vez más cerca, incluso podría jurar que estaban junto enfrente de ella.
-Ah el del caso Bloody Mary ¿no? Por cierto, ¿cómo va la investigación?-Preguntó el primero mientras Mary sentía el sudor resbalar por su frente.
-Sí, del mismo, pero por ahora toda la información es confidencial si queremos atrapar a esos cabrones.- ¿Cabrones? ¿En plural?
-Mi madre siempre me dijo que con la Mafia no se juega...- ¿Mafia? ¿En qué estaba metida su hermana?
-Tu madre debería haberte dicho que con el F.B.I no se juega- Mientras los dos hombres reían se escuchó la vibración de un móvil.
Maldijo mentalmente a su karma. Se buena persona y te irá bien en la vida, ya claro...
-¿Quién está ahí?- Preguntó alarmado uno de los hombres, supuso que sería el de seguridad.
-Tranquilo Sal, sólo es Rose, pero ¿que haces ahí debajo?- Preguntó el que suponía, era Michael.
-¿Cómo lo sabes podrías ser cualquiera?
-Por el pelo, bueno Rose ¿no piensas hablar nunca?
Al final el karma si que era justo con ella, al menos un poco. Respirando aliviada Mary carraspeó buscando una excusa creíble tan rápido como podía.
-Oh es que se me ha caído el bolígrafo...-Dijo con la voz grave.
-¿Estás acatarrada o algo así?
-Oh, sí, sí es que con este tiempo...
-...Y... ¿piensas salir de ahí abajo en algún momento?
-Emm verás es un poco incómodo, al agacharme para coger el bolígrafo se me ha enganchado la falda con algún clavo sobresalido del escritorio...
-Oh entiendo, ¿prefieres que nos vayamos?
-Em, sí, la verdad es que sí.
-Discúlpanos, ya nos vamos.
-Muchas gracias.
Mary agradeció mentalmente a todos los dioses por haberla ayudado y prometió ir más a la iglesia si conseguía salir de allí sin problemas. Cuando no escuchó más el sonido de los pasos, decidió salir de su 'escondite'. Sin malgastar un segundo cogió su móvil y su bolso. y se dirigió a las escalera, no se arriesgaría a enfrentarse al guardia de abajo. Velozmente bajó los tres pisos y salió por la puerta de emergencia. 
Tenía 10 minutos para llegar a su cita con Dan. Sólo con pensar en el apuesto detective sintió como sus piernas se volvían de gelatina, pero sin duda alguna, aquel no era el mejor momento para que le temblaran las piernas.  Con paso decidido caminó hasta su coche y, una vez dentro, se quitó la peluca, ya encontraría alguna forma de explicar su agitamiento si no conseguía recuperar su aspecto habitual de camino al restaurante.