Capítulo
VIII: Light in the dark.
Dan
estaba en la cafetería con el crío cuando la vio llegar. Se fijó en su rostro,
pálido, sin vida. Era como si de repente su mundo hubiera estallado en mil pedazos. De prisa, sin dudarlo fue hasta ella antes de que se
desplomara sobre el suelo. La acompañó hasta la silla más cercana y fue a por
un vaso de agua. Cuando se giró vio como el niño corría hacia ella mientras le
decía que tenía sueño. Sintió cómo se le encogía el corazón cuando la vio
abrazar a su sobrino mientras derramaba una lágrima solitaria. Fuese lo que
fuese lo que la exnovia de Adam le había dicho estaba seguro de que no era nada
bueno. Esperó unos minutos alejado ambos para proporcionarles un poco de
intimidad. Luego se acercó a Mary y le dio el vaso con agua, se sentía
incómodo, ese no era su lugar. Quería saber que le había dicho, pero no tenía
ni idea de cómo preguntárselo, temía que si sacaba el tema muy bruscamente se
pudiera a llorar.
Mary
seguía dándole vueltas a la información que acababa de recibir. Sabía que Dan
espera que se lo contara todo, pero no se sentía capaz, todavía no, necesitaba
más tiempo. Levantó la cabeza para decírselo, pero en cuanto se encontró con su
mirada vio una férrea determinación. Sólo esperaba que no la obligara a contárselo
esa misma noche, necesitaba dormir. Decidida cogió a Mark en sus brazos y le
hizo reposar la cabeza sobre su hombro. Dan entendió el mensaje y los condujo
de vuelta al coche. Durante todo el trayecto hasta Kenilworth, esas condenadas palabras rondaron
por su cabeza. Ahora muchas piezas encajaban, pero todavía quedaban cosas
suelas, sin sentido. Pero en ese mismo instante juró vengar la muerte de su
hermana. Aquel desgraciado pagaría con sangre y lágrimas, aunque muriera en el
intento. Antes de que se diera cuenta ya habían llegado a su casa, lo supo
porque Dan estaba esperando a que abriera el pórtico para poder entrar. Le pasó
el mando, y dirigió una mirada a su pequeño. Estaba completamente dormido
agotado. Dan se bajó del coche, le abrió la puerta y cargó con Mark. Mary le
abrió la puerta y lo acompañó hasta el dormitorio del pequeño. Lo arropó, le
dio un beso en la frente y, al levanta la cabeza vio a Dan observándola. En sus
ojos había una inmensa ternura, se preguntó cuántas variedades de verde podría
tener. En ese momento todo a su alrededor desapareció, solo existían él, sus
maravillosos ojos y ella. Sintió una conexión inmediata, algo estalló en su
interior, no supo descifrarlo, pero supo que le iba a traer problemas, muchos
problemas. Un corriente eléctrica, casi antinatural, recorrió todo su cuerpo,
desde las raíces de sus cabellos hasta la punta del pie. De pronto se
encontraba junto a él, cerca, demasiado cerca, pero no lo podía evitar. Su
cerebro se había puesto en modo off, dejando a su cuerpo bajo el control de sus
rebeldes hormonas. Cerca, tan cerca que escuchaba los latidos de su corazón,
sentía su pecho subir y bajar debido a la respiración, cada vez mas agitada.
Sintió cómo le sudaban las manos. ¡Demonios! Eso no le pasaba desde que acabó
la secundaria. Sus labios se rozaban. Era como si el mundo se hubiera parado
solamente para crear aquella magia a su alrededor, como en un cuento de
princesas. Y, claro está, en todo cuento hay siempre una bruja malvada, en esta
ocasión era su teléfono.
Se miraron a los ojos durante unos segundos, ambos compartían
sentimientos confusos que en ese momento no podían descifrar. Mary fue la
primera en apartar la mirada.
-Te espero abajo, en mi despacho, creo que recuerdas dónde está ¿no?-
Dijo avergonzada mientras se alejaba escaleras abajo.
-Sí, mi memoria es bastante buena-dijo Dan, con una mirada que ella no
supo identificar, justo antes de contestar el teléfono.