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lunes, 30 de abril de 2012

§Capítulo VII: 3/3 §


Capítulo VIII: Light in the dark.

Dan estaba en la cafetería con el crío cuando la vio llegar. Se fijó en su rostro, pálido, sin vida. Era como si de repente su mundo hubiera estallado en mil pedazos. De prisa, sin dudarlo fue hasta ella antes de que se desplomara sobre el suelo. La acompañó hasta la silla más cercana y fue a por un vaso de agua. Cuando se giró vio como el niño corría hacia ella mientras le decía que tenía sueño. Sintió cómo se le encogía el corazón cuando la vio abrazar a su sobrino mientras derramaba una lágrima solitaria. Fuese lo que fuese lo que la exnovia de Adam le había dicho estaba seguro de que no era nada bueno. Esperó unos minutos alejado ambos para proporcionarles un poco de intimidad. Luego se acercó a Mary y le dio el vaso con agua, se sentía incómodo, ese no era su lugar. Quería saber que le había dicho, pero no tenía ni idea de cómo preguntárselo, temía que si sacaba el tema muy bruscamente se pudiera a llorar.
Mary seguía dándole vueltas a la información que acababa de recibir. Sabía que Dan espera que se lo contara todo, pero no se sentía capaz, todavía no, necesitaba más tiempo. Levantó la cabeza para decírselo, pero en cuanto se encontró con su mirada vio una férrea determinación. Sólo esperaba que no la obligara a contárselo esa misma noche, necesitaba dormir. Decidida cogió a Mark en sus brazos y le hizo reposar la cabeza sobre su hombro. Dan entendió el mensaje y los condujo de vuelta al coche. Durante todo el trayecto hasta Kenilworth, esas condenadas palabras rondaron por su cabeza. Ahora muchas piezas encajaban, pero todavía quedaban cosas suelas, sin sentido. Pero en ese mismo instante juró vengar la muerte de su hermana. Aquel desgraciado pagaría con sangre y lágrimas, aunque muriera en el intento. Antes de que se diera cuenta ya habían llegado a su casa, lo supo porque Dan estaba esperando a que abriera el pórtico para poder entrar. Le pasó el mando, y dirigió una mirada a su pequeño. Estaba completamente dormido agotado. Dan se bajó del coche, le abrió la puerta y cargó con Mark. Mary le abrió la puerta y lo acompañó hasta el dormitorio del pequeño. Lo arropó, le dio un beso en la frente y, al levanta la cabeza vio a Dan observándola. En sus ojos había una inmensa ternura, se preguntó cuántas variedades de verde podría tener. En ese momento todo a su alrededor desapareció, solo existían él, sus maravillosos ojos y ella. Sintió una conexión inmediata, algo estalló en su interior, no supo descifrarlo, pero supo que le iba a traer problemas, muchos problemas. Un corriente eléctrica, casi antinatural, recorrió todo su cuerpo, desde las raíces de sus cabellos hasta la punta del pie. De pronto se encontraba junto a él, cerca, demasiado cerca, pero no lo podía evitar. Su cerebro se había puesto en modo off, dejando a su cuerpo bajo el control de sus rebeldes hormonas. Cerca, tan cerca que escuchaba los latidos de su corazón, sentía su pecho subir y bajar debido a la respiración, cada vez mas agitada. Sintió cómo le sudaban las manos. ¡Demonios! Eso no le pasaba desde que acabó la secundaria. Sus labios se rozaban. Era como si el mundo se hubiera parado solamente para crear aquella magia a su alrededor, como en un cuento de princesas. Y, claro está, en todo cuento hay siempre una bruja malvada, en esta ocasión era su teléfono.
Se miraron a los ojos durante unos segundos, ambos compartían sentimientos confusos que en ese momento no podían descifrar. Mary fue la primera en apartar la mirada.
-Te espero abajo, en mi despacho, creo que recuerdas dónde está ¿no?- Dijo avergonzada mientras se alejaba escaleras abajo.
-Sí, mi memoria es bastante buena-dijo Dan, con una mirada que ella no supo identificar, justo antes de contestar el teléfono.

jueves, 5 de abril de 2012

§ Capítulo VIII 2/3 §

Capítulo VIII: Light in the dark.
Mary se encontraba anonadada, no sabía quién era aquella misteriosa mujer, ni  por qué no dejaba de disculparse incesantemente. Miró a Dan, le preguntó con la mirada que pasaba, pero él no dijo nada, simplemente cogió a Mark, y salió de la sala, dirigiéndole una última mirada compasiva.
Bastante nerviosa, Mary se acercó a la mesa, apartó la silla y se sentó. Esbozando una tímida sonrisa, rebuscó en su bolso en busca de un pañuelo, que tendió a la misteriosa mujer.
Era bastante guapa, de rasgos clásicos. Esperó unos minutos mientras la chica se secaba las lágrimas.  Buscó en todos los rincones de su mente algún recuerdo, cualquier cosa que le diera alguna pista de quien podría ser. Tras un incómodo silencio, la chica por fin habló.
- Lo siento tanto, necesitaba el dinero,  no sabía lo que pasaría. Y lo amaba tanto… Nunca me imaginé que pudiera hacer algo así. Me tenía engañada, me juró amor eterno, me dijo que no había secretos entre nosotros, pero era un monstruo…- Su voz se convertía en un murmullo Mary deseaba que continuara hablando, sentía la imperiosa necesidad de saber de qué iba todo aquello, pero esperó. Las lágrimas humedecieron de nuevo los ojos grisáceos de la chica, pero a pesar de ello continuó- Adam era tan guapo, debes imaginarte  cómo se sintió alguien como yo, el patito feo de la familia, alguien que siempre pasa desapercibida, cuando alguien como él se fijó en mí .Lo único que puedo decir es que estaba tan necesitada de cariño, que no quise ver todo lo malo de él. Si pudiera volver atrás y salvar a tu hermana lo haría, sin dudarlo, ella estaba tan llena de vida, era tan buena, no merecía morir así
Al escuchar la mención de la desconocida hacia su hermana, Mary reprodujo mentalmente toda la conversación, ¿qué había dicho? Seguramente sabía algo sobre el asesinato de Jane, estaba segura de que ese tal Adam tenía mucho que ver, pero, ¿el qué? Ordenó a su cuerpo calmarse, necesitaba estarlo para obtener información de aquella mujer. Despacio, midiendo sus palabras, no quería asustarla, y mucho menos que se echara a llorar de nuevo.
-Shhh tranquila, todo está bien, relájate… -Dijo Mary con una voz suave y calmada-.Al ver que la chica obedecía sonrió y volvió a hablar- Muy bien, ¿estás mejor?
-Sí, aunque no deberías de ser tan buena conmigo, soy igual que él, un monstruo…
Temiendo que volviera a llorar, Mary se adelantó y dijo:
-¿Qué has hecho para que deba suponer que eres un monstruo? ¿Y quién es él, Adam?
Con una mirada llena de temor, la chica comenzó a hablar…

lunes, 2 de abril de 2012

§ Capítulo VIII §

Capítulo VIII: Light in the Dark.

***
3 meses después...  Illinois-Chicago
Mary movía impaciente su melena, apoyada sobre su Viper 2013, mientras repiqueteaba con la punta de sus tacones. Si Mark no salía pronto llegaría tarde a la cita con su paciente. La vida de madre no era algo fácil, ahora recordaba porque aquel sueño infantil había abandonado sus pensamientos en cuanto entro en la universidad, algo totalmente distinto de lo que pasó con su hermana. No sabía de dónde había sacado Jane el tiempo para cuidar de Mark, atender a su marido, preparar la cena y mantener la casa impecable. Con una mueca irónica pensó que para que ella lo pudiera conseguir, su día tendría que tener treinta y seis horas. Miró su reloj por enésima vez, se suponía que Mark tendría que haber salido a las 3:00 p.m. y ya eran y cuarto. Pensar en su sobrino la hacía sonreír, aquellos últimos meses habían sido algo difíciles, sobretodo porque Mark echaba de menos a su madre. Normal… incluso ella la extrañaba, extrañaba las llamadas telefónicas los fines de semana, las reuniones de los viernes en Starbucks, las tardes de compras, sí, la echaba muchísimo de menos…. Por eso seguía teniendo las mismas ganas de encontrar al responsable de su muerte. Antes de que una incontrolable ira se apoderara de ella, vio cómo su sobrino corría hacia ella con el babi lleno de pintura y un pequeño cuadro en su mano derecha, eso explicaba el retraso. Cuando estuvo a su lado, Mary lo despeinó cariñosamente. Amor, amor era lo que sentía cada vez que tenía ese pequeño cuerpecito junto a ella.             Hizo un gesto con la mano a modo de saludo hacia la profesora de Mark e instó al pequeño a subir al coche. Tendría que cambiar de coche, su vida había cambiado cuando su hermana la nombró tutora de Mark antes de morir, y ahora también cambiaría su coche. Subió a Mark a su sillita y le abrochó el cinturón, después se subió ella. Condujo hacia su casa, en Burr Ridge, allí dejaría a Mark con la hija de su vecina Katty, se aseguraría de que la adolescente lo tenía todo bajo control y luego excedería todos los límites de velocidad que se hallasen a su paso y quizá, sólo quizá podría llegar antes que su paciente y preparar la consulta. Sí, podría lograrlo. Cuando llego a su casa bajo del coche de un salto, corrió hacia la puerta del copiloto y sacó a Mark del coche en tiempo récord. Anne la estaba esperando ya en la entrada. Mientras Mark jugaba con sus rizos, Mary abrió la puerta de roble y cristal con la mano que tenía libre, mientras murmuraba un veloz hola a Anne. Fue hasta el salón y dejó a Mark en su parque. El niño de inmediato empezó a jugar con los muñecos que tenía ahí dentro. Mary de dirigió a su despacho, con Anne justo detrás, mientras buscaba su maletín le dijo:
-El número de mi consulta está en…
-En la nevera, su móvil lo tengo grabado, junto con el número del médico, el de los bomberos y el de la policía- La interrumpió Anne con una sonrisa- Puede marcharse tranquila, lo tengo todo bajo control.
-Si no llego antes de las ocho dale a Mark la cena por favor. Algo de fruta y un yogur, o lo que quieras. Muchas gracias Anne- Dijo Mary mientras esbozaba una sonrisa afectuosa.
A continuación, salió corriendo de la casa, no sin antes despedirse del pequeño. Se montó en el coche y puso rumbo a su consulta. Mientras conducía revisaba su agenda. Era miércoles, así que tendría dos horas y media con el señor  Farrow, luego vería a la señora Milton, pasaría al señor O’Brien. Mañana sería jueves, le tocaría ir al hospital. Cuando llegó a su consulta eran las 3:45, tenía quince minutos antes de recibir al su primer paciente, el señor Farrow. Entró y saldó a James, su eficaz asistente, quien como siempre le tenía preparado un delicioso café y los datos del señor Farrow sobre su escritorio. Con una sonrisa que enamoraría a cualquiera, ella incluida, James la siguió hasta su despacho mientras le comunicaba los cambios en su agenda y las llamadas durante su ausencia. Después se retiró. Las horas fueron pasando rápidamente, al igual que sus pacientes, y antes de que se diera cuenta eran las 19:45. Levantándose de un salto guardó las notas en su portátil, metió los historiales médicos en su maletín, cogió las llaves del coche y salió de su despacho. Al hacerlo, chocó con James quien afortunadamente tenía unos reflejos admirables. Estaban tan cerca, demasiado cerca. Él era más alto que ella, por lo que sus carnosos y más que besables labios estaban peligrosamente cerca. Un molesto ruido la devolvió a la realidad, con movimientos torpes se apartó de James mientras sus mejillas adquirían un tono sonrosado. Con las piernas temblorosas caminó hacia la mesa de James y contestó el teléfono.
-Hola, buenas noches, ¿podría habla con la señorita Blake?
-Emm, sí soy yo, ¿quién es usted?
-Soy Dan, Daniel Leonetti.
-Oh hola agente, ¿en qué lo puedo ayudar?-Un cosquilleo recorrió la espalda de Mary al recodar al moreno policía de ojos verdes, aunque no se había imaginado que fuera italiano.
-Bueno verá, estoy en la comisaría y, bueno…hay alguien que quiere hablar con usted.
-Emm claro, ¿quién es? ¿Me lo va a pasar ya?
-Bueno, no es tan sencillo como parece, tendría que venir usted aquí y…
-Lo siento, llegó tarde a casa, Mark me está esperando y la niñera tiene que marcharse dentro de poco.
-Pero es urgente, se trata de…. Mire tengo una idea, vaya a casa la pasaré a recogerla en ¿quince minutos? Luego Mark, usted y yo iremos a comisaría, usted hablará con la persona en cuestión y, después, yo los llevaré de vuelta a su casa ¿de acuerdo?
-Mejor en 20 minutos-Le respondió Mary tras pensarlo detenidamente.
-Bien de acuerdo, en veinte minutos.
Tras esas palabras se cortó la comunicación. Mary se despidió de James y le pidió que cerrara. Mientras conducía de camino a su casa, no dejaba de pensar en la misteriosa persona que tenía que hablar con ella urgentemente. Cuando llegó, no se molestó en meter el coche en el garaje, ni en coger su maletín y su portátil. Simplemente entró en la casa pagó a Anne, cogió a Mark y subió a cambiarse. Tenía cinco minutos, se puso unos vaqueros, una blusa blanca y unas deportivas. Bajo las escaleras con Mark apoyado sobre su cadera, en el mismo instante el que el timbre sonó.
Al abrir la puerta su mente se quedó completamente en blanco, y no pudo pensar en nada que no fuera el atractivo policía que tenía delante.
-¿Vamos?-Preguntó él.
-Sí, claro-Dijo Mary tratando de no parecer una completa idiota.
El trayecto a la comisaría se le hizo corto, seguramente porque Mark se estaba durmiendo. Despertó al niño con un suave beso en la mejilla en cuanto llegaron. La llevaron a una sala de la tercera planta, allí había sentada una chica bastante inquieta. En cuanto la vio, estalló en sollozos, mientras se disculpaba y le decía cuánto lo sentía.