Capítulo VIII: Light in the Dark.
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3 meses después... Illinois-Chicago
Mary movía impaciente su melena, apoyada sobre su Viper 2013, mientras repiqueteaba con la punta de sus tacones. Si Mark no salía pronto llegaría tarde a la cita con su paciente. La vida de madre no era algo fácil, ahora recordaba porque aquel sueño infantil había abandonado sus pensamientos en cuanto entro en la universidad, algo totalmente distinto de lo que pasó con su hermana. No sabía de dónde había sacado Jane el tiempo para cuidar de Mark, atender a su marido, preparar la cena y mantener la casa impecable. Con una mueca irónica pensó que para que ella lo pudiera conseguir, su día tendría que tener treinta y seis horas. Miró su reloj por enésima vez, se suponía que Mark tendría que haber salido a las 3:00 p.m. y ya eran y cuarto. Pensar en su sobrino la hacía sonreír, aquellos últimos meses habían sido algo difíciles, sobretodo porque Mark echaba de menos a su madre. Normal… incluso ella la extrañaba, extrañaba las llamadas telefónicas los fines de semana, las reuniones de los viernes en Starbucks, las tardes de compras, sí, la echaba muchísimo de menos…. Por eso seguía teniendo las mismas ganas de encontrar al responsable de su muerte. Antes de que una incontrolable ira se apoderara de ella, vio cómo su sobrino corría hacia ella con el babi lleno de pintura y un pequeño cuadro en su mano derecha, eso explicaba el retraso. Cuando estuvo a su lado, Mary lo despeinó cariñosamente. Amor, amor era lo que sentía cada vez que tenía ese pequeño cuerpecito junto a ella. Hizo un gesto con la mano a modo de saludo hacia la profesora de Mark e instó al pequeño a subir al coche. Tendría que cambiar de coche, su vida había cambiado cuando su hermana la nombró tutora de Mark antes de morir, y ahora también cambiaría su coche. Subió a Mark a su sillita y le abrochó el cinturón, después se subió ella. Condujo hacia su casa, en Burr Ridge, allí dejaría a Mark con la hija de su vecina Katty, se aseguraría de que la adolescente lo tenía todo bajo control y luego excedería todos los límites de velocidad que se hallasen a su paso y quizá, sólo quizá podría llegar antes que su paciente y preparar la consulta. Sí, podría lograrlo. Cuando llego a su casa bajo del coche de un salto, corrió hacia la puerta del copiloto y sacó a Mark del coche en tiempo récord. Anne la estaba esperando ya en la entrada. Mientras Mark jugaba con sus rizos, Mary abrió la puerta de roble y cristal con la mano que tenía libre, mientras murmuraba un veloz hola a Anne. Fue hasta el salón y dejó a Mark en su parque. El niño de inmediato empezó a jugar con los muñecos que tenía ahí dentro. Mary de dirigió a su despacho, con Anne justo detrás, mientras buscaba su maletín le dijo:
-El número de mi consulta está en…
-En la nevera, su móvil lo tengo grabado, junto con el número del médico, el de los bomberos y el de la policía- La interrumpió Anne con una sonrisa- Puede marcharse tranquila, lo tengo todo bajo control.
-Si no llego antes de las ocho dale a Mark la cena por favor. Algo de fruta y un yogur, o lo que quieras. Muchas gracias Anne- Dijo Mary mientras esbozaba una sonrisa afectuosa.
A continuación, salió corriendo de la casa, no sin antes despedirse del pequeño. Se montó en el coche y puso rumbo a su consulta. Mientras conducía revisaba su agenda. Era miércoles, así que tendría dos horas y media con el señor Farrow, luego vería a la señora Milton, pasaría al señor O’Brien. Mañana sería jueves, le tocaría ir al hospital. Cuando llegó a su consulta eran las 3:45, tenía quince minutos antes de recibir al su primer paciente, el señor Farrow. Entró y saldó a James, su eficaz asistente, quien como siempre le tenía preparado un delicioso café y los datos del señor Farrow sobre su escritorio. Con una sonrisa que enamoraría a cualquiera, ella incluida, James la siguió hasta su despacho mientras le comunicaba los cambios en su agenda y las llamadas durante su ausencia. Después se retiró. Las horas fueron pasando rápidamente, al igual que sus pacientes, y antes de que se diera cuenta eran las 19:45. Levantándose de un salto guardó las notas en su portátil, metió los historiales médicos en su maletín, cogió las llaves del coche y salió de su despacho. Al hacerlo, chocó con James quien afortunadamente tenía unos reflejos admirables. Estaban tan cerca, demasiado cerca. Él era más alto que ella, por lo que sus carnosos y más que besables labios estaban peligrosamente cerca. Un molesto ruido la devolvió a la realidad, con movimientos torpes se apartó de James mientras sus mejillas adquirían un tono sonrosado. Con las piernas temblorosas caminó hacia la mesa de James y contestó el teléfono.
-Hola, buenas noches, ¿podría habla con la señorita Blake?
-Emm, sí soy yo, ¿quién es usted?
-Soy Dan, Daniel Leonetti.
-Oh hola agente, ¿en qué lo puedo ayudar?-Un cosquilleo recorrió la espalda de Mary al recodar al moreno policía de ojos verdes, aunque no se había imaginado que fuera italiano.
-Bueno verá, estoy en la comisaría y, bueno…hay alguien que quiere hablar con usted.
-Emm claro, ¿quién es? ¿Me lo va a pasar ya?
-Bueno, no es tan sencillo como parece, tendría que venir usted aquí y…
-Lo siento, llegó tarde a casa, Mark me está esperando y la niñera tiene que marcharse dentro de poco.
-Pero es urgente, se trata de…. Mire tengo una idea, vaya a casa la pasaré a recogerla en ¿quince minutos? Luego Mark, usted y yo iremos a comisaría, usted hablará con la persona en cuestión y, después, yo los llevaré de vuelta a su casa ¿de acuerdo?
-Mejor en 20 minutos-Le respondió Mary tras pensarlo detenidamente.
-Bien de acuerdo, en veinte minutos.
Tras esas palabras se cortó la comunicación. Mary se despidió de James y le pidió que cerrara. Mientras conducía de camino a su casa, no dejaba de pensar en la misteriosa persona que tenía que hablar con ella urgentemente. Cuando llegó, no se molestó en meter el coche en el garaje, ni en coger su maletín y su portátil. Simplemente entró en la casa pagó a Anne, cogió a Mark y subió a cambiarse. Tenía cinco minutos, se puso unos vaqueros, una blusa blanca y unas deportivas. Bajo las escaleras con Mark apoyado sobre su cadera, en el mismo instante el que el timbre sonó.
Al abrir la puerta su mente se quedó completamente en blanco, y no pudo pensar en nada que no fuera el atractivo policía que tenía delante.
-¿Vamos?-Preguntó él.
-Sí, claro-Dijo Mary tratando de no parecer una completa idiota.
El trayecto a la comisaría se le hizo corto, seguramente porque Mark se estaba durmiendo. Despertó al niño con un suave beso en la mejilla en cuanto llegaron. La llevaron a una sala de la tercera planta, allí había sentada una chica bastante inquieta. En cuanto la vio, estalló en sollozos, mientras se disculpaba y le decía cuánto lo sentía.
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