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viernes, 22 de junio de 2012

§ Capítulo X §


Capítulo X: La curiosidad mató al gato.
El personal se congregaba alrededor de la puerta del despacho de la doctora Tyler. El interés hacia aquella reunión imprevista resultaba abrumador. Todos en el edificio conocían la tensión sexual entre ella y su ayudante, James. Así que cuando ella impidió que él se tomara un descanso para comer, y lo metió en su despacho, era de esperar que todos los trabajadores del edificio, desde los más ricos ejecutivos de la última planta hasta el servicio de limpieza, acudieran a la planta dieciséis. Todos se apelotonaban alrededor de la puerta de manera que obstaculizaba la escucha, imposible por las apuestas murmuradas de los empleados acerca de lo que estaba pasando.
-¡Shhh callaos, dejad las apuestas para después! Así no hay quién escuche…-Se quejó Sally, de la tercera planta.
-Seguro que se ha cansado de esperar a que el diera el primer paso-Murmuró Bryan.
-Menudo chasco se va a llevar, es gay…-Comentó otro empleado.
-¡No es gay! ¡Envidioso!-Replicó una de las secretarias de la última planta, Caroline.
-Ohhh, ¡a la nena le gusta James!-Se burló Bryan mientras la chica se ruborizaba.
-No te preocupes cariño, no te podemos culpar… ¿Habéis visto el culo que tiene?-La defendió la mujer de la limpieza, de unos cincuenta y tantos años.
-Shhhhhh- Mandó a callar Sally otra vez- ¡Callaos ya! Está claro que James está buenísimo y no es gay, así que no entiendo por qué discutís.
Caroline, aún ruborizada, se acercó a la puerta, y se colocó junto a Sally. Todo el mundo guardó silencio, pero las preguntas se seguían formulando, ahora a través de la mirada.
En el interior del despacho James se oponía tajantemente a la petición de Mary.
-¿¡Te has vuelto loca!?
-Oh vamos James, es un favorcito de nada, ¿qué te cuesta? Incluso, ¿quién sabe?, te podría acabar gustando…
-¡Yo sé! No me puedo creer que me estés pidiendo lo que me estás pidiendo… No tengo ni idea de qué piensas de mí, pero no soy un gigoló.
-¡Claro que no! Yo no he dicho eso, no es como si te fuera a pagar o algo por el estilo…
-¡Madre santísima! ¿Se puede saber con qué clase de psicópata estoy trabajando?
-Venga, se bueno conmigo, es muy importante para mí y lo sabes. Te prometo que haré lo que tú quieras, pero necesito que me hagas este favor-Suplicó Mary.
-Está bien pequeña manipuladora, pero no pienses ni por un momento voy a olvidar este pequeño favor, que por cierto vale por diez-Aceptó James mientras se dirigía a la puerta meneando la cabeza de lado a lado y murmurando-Bendita chalada…
Antes de que alguien pudiera evitarlo, James giró el pomo de la puerta y empujó. Después de eso, todo se convirtió en un caos. Sally calló de rodillas sobre la mullida alfombra del despacho. Caroline, sin poder evitarlo, tropezó con ella y se abalanzó sobre James, quedando su cabeza en su entrepierna y sus mejillas ardiendo. La señora de la limpieza empezó a pasar la fregona, y tiró a otros tantos que intentaban huir de la planta dieciséis a toda velocidad. El cubo de la fregona acabo por los suelos, al igual que uno de los empleados, que tropezó con él y derramó su café sobre el pobre cartero. Y de repente, en medio de aquella piscina humana de la planta dieciséis, se plantaron unos tacones de aguja de diez centímetros. Sobre ellos un cuerpo con actitud burlesca se dirigía hacia al ascensor, pero antes de entrar se giró y dijo:
-James, querido, te espero en el garaje, no tardes- Comentó Mary mientras esbozaba su sonrisa más seductora.

jueves, 21 de junio de 2012

§ Capítulo IX: 2/2 §


Estaba completamente absorta en sus recuerdos, había perdido la noción del tiempo y del espacio. Recordaba vívidamente los ojos llenos de tristeza y temor de la chica, que le suplicaba perdón con la mirada. Pero, a pesar de que ella se culpaba, Mary la veía como otra víctima más, que vivía sin vivir, no había luz en su mirada. Era un cuerpo sin alma, cansado de todo, incluso de existir… La analizó por completo mentalmente, no quería hacer un juicio precipitado. Sintió un movimiento, algo zarandeaba su cuerpo incesantemente. Pero no podía volver, todavía no, era demasiado pronto y ella deseaba, más que nada en el mundo, vengar la muerte de su hermana. Un murmullo lejano penetró en su cerebro, palabras sueltas, sin sentido… Sentía que debía volver a la realidad, pero estaba cerca, muy cerca, de descubrir al asesino de su hermana.
Dan se estaba volviendo loco, no sabía que hacer. Mary estaba como hipnotizada, con los ojos en blanco, y mientras, podía escuchar el llanto de Mark en el piso de arriba. ¿Qué demonios se suponía que tenía que hacer? Como si tuvieran vida propia, sus piernas lo levantaron de la silla, lo sacaron del despacho y lo condujeron hasta la habitación del niño, guiadas por el llanto. Al entrar en ella, vio al pequeño bañado en lágrimas y sudor, llamando a su tía sin cesar, preguntando por su madre. Y en ese mismo instante, nació en él un sentimiento protector hacia Mark, y un sexto sentido le decía que aquello le iba a traer algunos problemas. Antes de que su cerebro pudiera impedirlo, se acercó a la cama y lo abrazó, susurrándole palabras cariñosas y tranquilizadoras hasta que se volvió a  dormir. Se aseguró de que estuviera bien arropado y volvió con Mary. La cogió del hombro, de nuevo, con delicadeza, y la movió despacio. Nada. Lo intentó una vez más, ahora un poco más fuerte, y acompañando los movimientos de su nombre. Nada. Lo repitió otra vez, más fuerte, con más voz.
Todo a su alrededor se volvió negro, siniestro, pero seguía escuchando esa dichosa voz pronunciando su nombre. Con cada segundo la única persona que la podía conducir al asesino se alejaba más de ella. Mary corrió con todas su fuerzas hacia la chica, pero era imposible atraparla, parecía que todos sus esfuerzos eran en vano. Su fuerza disminuía progresivamente, sintió como las piernas le flaqueaban, todos a su alrededor se volvió oscuro.
***
La luz del sol la cegó por un momento. Parpadeó varias veces, y volvió a abrir los ojos. No sabía donde se encontraba exactamente. Miró a su alrededor, la habitación era blanca, a su lado, sobre una mesita habían flores. Intentó levantarse de  la cama, pero sintió que cabeza le iba a explotar. Volvió a tumbarse en el mismo instante en que la puerta se abría. Una enfermera entró seguida de un hombre que parecía preocupado, lo reconoció al instante. Lo vio intercambiar una mirada con la enfermera, que tras asegurarse de que su paciente estuviera cómoda se marchó, dejando tras ella un silencio incómodo.
-¿Qué tal estás?- Fue lo primero que se atrevió a decir Dan.
-Me encuentro genial- Mintió Mary forzando una sonrisa-¿Pero, qué me ha pasado? Lo último que recuerdo es que estábamos en mi despacho, y yo te estaba repitiendo la conversación con esa chica.
-Sí, pero de pronto te quedaste como hipnotizada, no me oías, ni a mi ni a Mark, y luego te caíste de la silla. Los médicos dicen que has tenido una especie de desmayo por estrés post-traumático, o algo así… Si lo hubiera sabido no te habría hecho hablar con ella.
-No, no importa, quería hacerlo. ¿Dónde está Mark?
-Está bien, mis compañeros lo llevaron con su abuela.
Tras aquellas palabras volvió el silencio. Dan se acercó a la ventana y le dio la espalda. Tenía que pensar en alguna manera de entrar en los archivos de la policía. Sabía que aquel agente italiano no la iba a dejar acercarse demasiado a su comisaría, y menos a su ordenador. En ese momento una idea descabellada cruzó por su mente, y una sonrisa traviesa se dibujó en su rostro. Sí, eso podía funcionar. Carraspeó para llamar la atención del agente y, en cuanto este se volvió, con una mirada interrogativa, dijo:
-¿Cómo tomas el café?-Cuando él frunció más el ceño intentó aclararse- Lo que quiero decir es que cómo te gusta que tu secretaria te lleve el café por la mañana, aquí tienen máquinas de café y te iba a pedir que me trajeras uno, pero a lo mejor tu también querías y, en fin, curiosidad supongo….- Acabó Mary, dándose cuenta de que había hablado demasiado cuando el la miró como si estuviera loca y con una expresión divertida en el rostro.
-Con leche, pero no creo que tu puedas beberlo, tendrás que esperar a llegar a tu casa.
-Claro, debí suponerlo….