***
James estaba nervioso, no se le daba nada bien mentir, y aquella iba a ser
la cita más difícil de toda su vida. Mary, frente a él le hacía el nudo de la
corbata. Estaba peligrosamente sexy con aquel vestido negro y ajustado, además,
aquellos tacones de aguja le hacían unas piernas de infarto. Notó cómo le
costaba tragar saliva y le empezaban a sudar las manos. ¿Qué demonios le
pasaba? Aquello no le ocurría desde que era un adolescente.
-¿A qué hora volverás tía Mary?- Preguntó Mark con su pijama de naves
espaciales.
-Pronto cielo.
-¿Antes de que me acueste?
-No me iré hasta que te duermas, y Anne estará aquí cuidando de ti mientras
yo esté fuera.
-¿Y podré jugar con ella?
-No lo creo cariño, para entonces será muy tarde para jugar- Dijo Mary tras
soltar una pequeña risa.
-Mmm bueno, supongo que podremos jugar mañana. Pero también me gustaría
jugar contigo.
-Oh cielo, sabes que no puedo, tengo mucho trabajo. Pero todos los domingos
salimos a dar un paseo.
-¡Pero yo quiero jugar a la invasión alienígena contigo!
-Está bien, si insistes este domingo podríamos jugar a la invasión
alienígena.
-¡Genial!
-Sí sí sí, pero ahora ve a lavarte los dientes y métete en la cama, en unos
minutos subiré a arroparte.
-¿Y me leerás un cuento?
-Creo que eso se lo dejaré a James, yo todavía tengo que peinarme y
maquillarme.
-Vale- Dijo el niño, y segundos después subió las escaleras corriendo hacia
el baño.
-Es un niño encantador-Dijo James.
-Sí, la verdad es que sí. Me voy a peinar, ¿por qué no te adelantas y subes
a leerle el cuento?
-Está bien, pero no tardes.
-Que sí, pero ahora vete, no me sigas entreteniendo.
Mary se dirigió a su habitación, se sentó frente al tocador. Pensó en
hacerse un moño, pero por más que lo intentaba no lograba que todos sus
mechones estuvieran fijos. Finalmente se dejó el pelo suelto, decorado
únicamente con dos horquillas en el lado derecho. Tras un último vistazo en el
espejo, subió a la habitación de Mark. Estaba casi dormido. Se acercó a él, le
dio un beso en la frente y se aseguró de que estuviera bien arropado. Esperó a
que James acabara el cuento, apagó la luz y ambos se dirigieron a la entrada.
Minutos después llegaba Anne, y con ella su plan empezaba.
Primero salió James y se dirigió a las oficinas del F.B.I. Después Mary, hacia
el restaurante chino del centro.
James aparcó el coche y entró en el vestíbulo. Se había imaginado muchas
escenas, pero esperaba aquel cambio en la secretaria de Dan. Era como si no
fuera ella, como si se hubiera presentado a unos de esos programas de cambio
radical. Llevaba un pequeño vestido azul, y una chaqueta de cuero. Su pelo caía
como si fuera una cascada de fuego, y había cambiado su gafas de pasta por una
lentillas. Se acercó a ella, la cogió de la mano y fuero hasta el coche.
-Y bien, ¿a dónde me piensas llevar?
-Conozco un restaurante chino fabuloso en el centro. Espero que te guste la
comida china.
-Sí, es mi comida favorita. ¿Cómo lo has sabido?
-Intuición, además, ¿a quién no le gusta la comida china- Dijo James con su
sonrisa más seductora.
-No sabes tú bien la de gente rara que hay en el mundo- Bromeó ella.
Aparcó cerca de la entrada principal, no quería que Rose viera a Mary antes
de tiempo. La dejó pasar a ella primero y luego pulsó el número de marcación
rápida de su jefa.
El maître los condujo hasta su mesa. Esperaba que todo saliera bien, no
quería ni pensar en la condena por colarse en el despacho de un agente del
F.B.I y robar información.
Poco después se les acercó el camarero.
-¿Desean que les tome nota ya?
-¿Qué pedirás tú?
-Creo que empezaré con unos rollitos, luego tomaré fideos chinos y cerdo
agridulce.
-Mmm, yo tomaré lo mismo.
-¿Y de beber?
-Tráiganos un vino de la casa.
-Muy bien señores.
En ese instante vio a Mary entrar en el restaurante. Pidió algo en la barra
y se acercó a ellos.
-¡Oh vaya, que casualidad!
-Sra ¿Leonatti?
-Parece que nos hemos vuelto a ver antes de lo que esperaba señorita Rose.
-¿Qué haces aquí Mary?-Dijo James intentando parecer incómodo.
-Tranquilo James no os voy a fastidiar la fiesta. He venido a recoger un
pedido para llevar.
-Eh, bueno…. Si me disculpáis creo que voy al baño un momento.
-Oh claro, te acompaño-Al final será más fácil de lo que pensaba, pensó
Mary.
Dentro, Rose entró en uno de los lavabos y Mary fingió retocarse el
maquillaje. En cuanto Rose cerró la puerta, registró su bolso hasta encontrar
las llaves. Había cinco llaves. Sacó varios estuches con plastilina y dejó en
ellos la silueta de cada una de las llaves.
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