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viernes, 12 de octubre de 2012

§Capítulo XI:5/6§


-¿Y cuánto tiempo llevas casada con Dan?-Preguntó Rose desde el inodoro.
-Emm, poco tiempo la verdad. Ha sido algo muy repentino.- Le contestó Mary mientras se guardaba las llaves y buscaba cualquier otra cosa que le pudiera servir.
-Amm… La verdad es que estoy bastante sorprendida, desde lo de Charlotte nadie esperara que se volviera a enamorar, y mucho menos que quisiera otro hijo. ¿Cómo os conocisteis?
Había encontrado una tarjeta. Estaba concentrada rebuscando en el bolso de Rose, pero ¿qué había dicho? ¿Otro hijo? Estaba deseando preguntarle de qué hablaba pero sabía que eso levantaría sospechas. Mientras cambiaba los bolsos de sitio se maldijo mentalmente. ¿Cuál se suponía que era la respuesta correcta a esa pregunta?
-Sí, bueno… En realidad es una historia muy larga y creo que mi pedido ya está listo. Además, ¿no querrás hacer esperar demasiado a James no?- Dijo Mary mientras Rose salía del baño.
-Eso mismo me ha dicho él esta tarde cuando se lo pregunté. Pero tienes razón deberíamos volver ya- Después de lavarse las manos se puso un poco mas de pintalabios, mientras Mary sonreía incómoda.
Salieron juntas del baño y se reunieron con James. Mary se despidió educadamente de ambos, les deseó una agradable velada y fue a recoger su comida.
Dentro del coche, respiró lenta y profundamente varias veces,  y pensó en lo que iba a hacer. Se maquillo para la ocasión y encendió el motor. Condujo hasta las oficinas del FBI. Esperó. Los minutos pasaban, y sentía como su corazón latía al compás del segundero de su reloj. Y entonces, sólo entonces, cuando una solitaria gota de sudor estimulada por los nervios se deslizaba lentamente por su mejilla izquierda, vio moverse al guardia de la entrada. Empezaba su ronda. Se puso una peluca morena, esperaba que las cámaras de seguridad no fueran muy buenas. Con el paso rápido se dirigió a la entrada. Todavía podía ver algunas luces de las últimas plantas encendidas. Aligerando aún más el paso llegó a la gran puerta de cristal. Rebuscó en el bolso de Rose y sacó una tarjeta de identificación, la pasó por el lector de la entrada y un inmenso alivio recorrió cada milímetro de su cuerpo cuando el aparato emitió una luz verde y no saltó ninguna alarma. Rápido, antes de que alguien pudiera descubrirla entró en el edificio, fue hacia los ascensores y subió a la tercera planta. Con cada paso se ponía más nerviosa, aun peor, el maldito segundero no dejaba de emitir aquel estresante sonido. Para su suerte no había ninguna oficina con la puerta abierta. Rápidamente se encaminó hacia el despacho de Dan. Sacó el llavero del bolso y empezó a probar con cada una de ellas. La primera, nada. Nada. Nada. Le temblaban las manos, no recordaba la última vez que se había puesto tan nerviosa por algo. Al fin, consiguió dar con la llave correcta. Cerró la puerta con cuidado, ya había llegado demasiado lejos como para que alguien la pillara ahora. Encendió el ordenador y esperó. Contraseña, genial.
No era muy buena con eso. Abrió los cajones en busca de cualquier cosa que pudiera ayudarla. ¿Cómo demonios no se le había ocurrido que el ordenador de un agente del FBI estaría protegido por una contraseña?
Miró en la agenda de Rose, números de teléfono, apellidos, fechas, todo ello al derecho y al revés. Nada. Nada. Nada. ¡Maldición! Abrió el archivador. Miró los últimos documentos y encontró un informe del caso, algo era algo. Apagó el ordenador con la certeza de que volvería. Estaba a punto de irse cuando se le ocurrió mirar en el ordenador de Rose. ¿Cuánto tiempo más tendría hasta que apareciera un guardia o saliera alguien de algún despacho?
Repitió el mismo proceso, y encontró otro informe. Como suponía ese ordenador también le pedía contraseña.
Decidió apagar el ordenador, total, tendría que volver mañana a cambiar los bolsos. El ordenador se estaba apagando, justo entonces oyó cerrarse la puerta de alguna oficina y abrirse las del ascensor. Maldijo a su suerte mil veces mientras sus ojos recorrían toda la sala en busca de un sitio para esconderse. Tenía 30 segundos, 29, 28…¿Cuál sería la condena por allanamiento de  un edificio del Gobierno?

miércoles, 1 de agosto de 2012

§Capítulo XI: 4/6§


***
James estaba nervioso, no se le daba nada bien mentir, y aquella iba a ser la cita más difícil de toda su vida. Mary, frente a él le hacía el nudo de la corbata. Estaba peligrosamente sexy con aquel vestido negro y ajustado, además, aquellos tacones de aguja le hacían unas piernas de infarto. Notó cómo le costaba tragar saliva y le empezaban a sudar las manos. ¿Qué demonios le pasaba? Aquello no le ocurría desde que era un adolescente.
-¿A qué hora volverás tía Mary?- Preguntó Mark con su pijama de naves espaciales.
-Pronto cielo.
-¿Antes de que me acueste?
-No me iré hasta que te duermas, y Anne estará aquí cuidando de ti mientras yo esté fuera.
-¿Y podré jugar con ella?
-No lo creo cariño, para entonces será muy tarde para jugar- Dijo Mary tras soltar una pequeña risa.
-Mmm bueno, supongo que podremos jugar mañana. Pero también me gustaría jugar contigo.
-Oh cielo, sabes que no puedo, tengo mucho trabajo. Pero todos los domingos salimos a dar un paseo.
-¡Pero yo quiero jugar a la invasión alienígena contigo!
-Está bien, si insistes este domingo podríamos jugar a la invasión alienígena.
-¡Genial!
-Sí sí sí, pero ahora ve a lavarte los dientes y métete en la cama, en unos minutos subiré a arroparte.
-¿Y me leerás un cuento?
-Creo que eso se lo dejaré a James, yo todavía tengo que peinarme y maquillarme.
-Vale- Dijo el niño, y segundos después subió las escaleras corriendo hacia el baño.
-Es un niño encantador-Dijo James.
-Sí, la verdad es que sí. Me voy a peinar, ¿por qué no te adelantas y subes a leerle el cuento?
-Está bien, pero no tardes.
-Que sí, pero ahora vete, no me sigas entreteniendo.
Mary se dirigió a su habitación, se sentó frente al tocador. Pensó en hacerse un moño, pero por más que lo intentaba no lograba que todos sus mechones estuvieran fijos. Finalmente se dejó el pelo suelto, decorado únicamente con dos horquillas en el lado derecho. Tras un último vistazo en el espejo, subió a la habitación de Mark. Estaba casi dormido. Se acercó a él, le dio un beso en la frente y se aseguró de que estuviera bien arropado. Esperó a que James acabara el cuento, apagó la luz y ambos se dirigieron a la entrada. Minutos después llegaba Anne, y con ella su plan empezaba.
Primero salió James y se dirigió a las oficinas del F.B.I. Después Mary, hacia el restaurante chino del centro.
James aparcó el coche y entró en el vestíbulo. Se había imaginado muchas escenas, pero esperaba aquel cambio en la secretaria de Dan. Era como si no fuera ella, como si se hubiera presentado a unos de esos programas de cambio radical. Llevaba un pequeño vestido azul, y una chaqueta de cuero. Su pelo caía como si fuera una cascada de fuego, y había cambiado su gafas de pasta por una lentillas. Se acercó a ella, la cogió de la mano y fuero hasta el coche.
-Y bien, ¿a dónde me piensas llevar?
-Conozco un restaurante chino fabuloso en el centro. Espero que te guste la comida china.
-Sí, es mi comida favorita. ¿Cómo lo has sabido?
-Intuición, además, ¿a quién no le gusta la comida china- Dijo James con su sonrisa más seductora.
-No sabes tú bien la de gente rara que hay en el mundo- Bromeó ella.
Aparcó cerca de la entrada principal, no quería que Rose viera a Mary antes de tiempo. La dejó pasar a ella primero y luego pulsó el número de marcación rápida de su jefa.
El maître los condujo hasta su mesa. Esperaba que todo saliera bien, no quería ni pensar en la condena por colarse en el despacho de un agente del F.B.I y robar información.
Poco después se les acercó el camarero.
-¿Desean que les tome nota ya?
-¿Qué pedirás tú?
-Creo que empezaré con unos rollitos, luego tomaré fideos chinos y cerdo agridulce.
-Mmm, yo tomaré lo mismo.
-¿Y de beber?
-Tráiganos un vino de la casa.
-Muy bien señores.
En ese instante vio a Mary entrar en el restaurante. Pidió algo en la barra y se acercó a ellos.
-¡Oh vaya, que casualidad!
-Sra ¿Leonatti?
-Parece que nos hemos vuelto a ver antes de lo que esperaba señorita Rose.
-¿Qué haces aquí Mary?-Dijo James intentando parecer incómodo.
-Tranquilo James no os voy a fastidiar la fiesta. He venido a recoger un pedido para llevar.
-Eh, bueno…. Si me disculpáis creo que voy al baño un momento.
-Oh claro, te acompaño-Al final será más fácil de lo que pensaba, pensó Mary.
Dentro, Rose entró en uno de los lavabos y Mary fingió retocarse el maquillaje. En cuanto Rose cerró la puerta, registró su bolso hasta encontrar las llaves. Había cinco llaves. Sacó varios estuches con plastilina y dejó en ellos la silueta de cada una de las llaves.

sábado, 21 de julio de 2012

§Capítulo XI: 3/6§


-Claro, cuanto antes mejor, no tengo mucho tiempo. Verás, según me dijo Nicole…
-¿Nicole?
-La chica que pidió hablar conmigo, ¡y deja de interrumpirme!
-Perdone su señoría-Dijo Dan divertido ante la mirada furibunda de Mary-Continúe por favor.
-Como iba diciendo, se llama Adam Westright, paradero desconocido por el momento, aunque hay una casa de campo a la que la llevó una vez. Nicole me dijo que la casa estaba totalmente aislada, Adam recibió una llamada una de las noches, y partieron de nuevo a Chicago antes de que amaneciera. También sé que el patrón que sigue al elegir a sus víctimas. Todas deben ser madres, amas de casas, no demasiado esbeltas. Al parecer Adam sufre un severo trastorno obsesivo, está completamente obsesionado con su madre.
-¿Sabes cuántas mujeres hay en Chicago que responden a esa descripción?
-Sí, son muchas, pero por lo menos ya sabes a quién proteger y donde vigilar.
-Vale, lo siento, ¿te hizo alguna descripción física?
-Sí, pero no es muy completa, solo sé que es bastante alto, moreno y de ojos azules
-Genial, eso nos servirá de mucho.
-¡Quieres dejar de hablar como si no te dijera nada que no supieras ya! ¿O es que también sabes dónde está la casa de campo?
-¿Tienes la dirección de la casa?-Preguntó Dan sorprendido.
-Tengo las coordenadas, pero no aquí, están en mi casa.
-¿Podrías ir a por ellas?
-¿Sabes Dan? No eres el único que trabaja aquí, cierro la consulta a las ocho llegaré a casa sobre las ocho y veinte.
-Yo no salgo de aquí hasta las nueve y media.
-¿Trabajáis tanto todos los agentes del F.B.I? ¿No podrías salir un poco antes?
-Sí y sí, pero este caso es bastante sangriento, y tengo mucho trabajo.
-Ahh claro. Tengo una idea muchísimo mejor, ¿que te parece si sales un poco antes y cenamos juntos? ¿A las nueve?
-¿Juntos? ¿Tú y yo?
-Si, ya sabes como un matrimonio normal. No llegues tarde cariño- Le dijo Mary mientras se levantaba, dándole una sonrisa pícara.
-¿Te paso a recoger?
-No hace falta, nos vemos en el restaurante.
-¿En cuál?
-¿Conoces Luigi’s?
-Mejor de lo que te puedes imaginar.
-Genial, pues nos vemos ahí a las nueve- Sonrió Mary mientras salía del despacho.
Fuera supo que su plan iba a funcionar. James y Rose se estaban riendo. Él sostenía una de las manos de ella entre las de él. Todo iba tal y como había planeado, solo faltaba un último detalle.
-Vaya Rose, que bolso tan bonito, ¿dónde lo has comprado?
-Muchas gracias, la verdad es que es de Walt Mark-Contestó la mujer risueña, sin quitarle los ojos de encima a James.
-¿En serio? Pues, el caso es que yo tengo uno igual en el coche. Tienes buen gusto Rose, me gustaría salir contigo algún día de estos, y ya sabes, hacer cosas de chicas-.Le propuso bajo la asombrada miada de Dan- Pero eso tendrá que ser otro día, porque ahora nos tenemos que ir ¿verdad James?
-Em, sí claro. ¿Nos vemos a las 8?-Dijo James con su habitual sonrisa de seductor.
-Sí, esperaré impaciente-Respondió una ruborizada Rose.
Tras despedirse, se dirigieron de nuevo al ascensor. Mary con la certeza de que su plan iba a funcionar y James con la certeza de que su jefa estaba más loca que sus pacientes.
-¿Vas a salir con ese tipo?
-No lo llames ese tipo, se llama James y trabaja para tu embarazada mujer de la que no me habías dicho nada antes. Es más creía que después de lo de Charlotte no querías saber nada de las mujeres ni del amor-Le reprochó Rose.
-Esa es una larga historia difícil de explicar Rose…
-Lo suponía, por cierto hoy me iré antes si no te importa
-No tranquila, ve y disfruta de tu Romeo.

sábado, 14 de julio de 2012

§Capítulo XI: 2/6§


-¿Qué demonios se cree que está haciendo?
-Ya que usted no quiere comprobarlo, entraré a ver a mi marido sin su autorización.
-Si con eso consigo que se vayan, lo comprobaré ahora mismo.
-Adelante, por favor.
Marcó la conexión 2 en el teléfono de su escritorio y después de dos toques se pudo escuchar la voz de Dan a través del altavoz.
-Dime Rose, ¿qué ha pasado? ¿ has recibido alguna información sobre el caso ‘Bloody Mary’?
-No Dan, siento interrumpirte, pero hay una mujer aquí que dice ser tu mujer y…
-¿Mi mujer?
-Sí, y dice que ya sabe el sexo del bebé que estáis esperando.
Tras esas palabras se cortó la comunicación, y segundos después, un magnífico Dan sin corbata, con los primeros botones desabrochados, la camisa remangada y despeinado apareció por la puerta de su oficina.
No podía creer lo que estaba viendo, aquella mujer había estado a punto de provocarle un infarto, pero desde el momento en que la vio su cerebro había dejado de funcionar, y su corazón empezó a latir mucho más deprisa. Así que su mujer eh… quizá sacara provecho y podría enseñarle una buena lección, mataría dos pájaros de un tiro.
Con pasos feroces y sensuales se acercó a Mary y la agarró por la cintura. Aquella pequeña cintura que llevaba meses volviéndolo loco. Poco a poco fue bajando la cabeza hasta posar sus labios sobre los de ella, los mismos carnosos y jugosos labios que eran su perdición. Notó la sorpresa en su cuerpo y para relajarla empezó a mover las manos hacia arriba y hacia abajo, en una caricia de lo más sensual. Sintió su cuerpo relajarse y estremecerse de placer bajo las caricias de sus expertas manos. La pegó más a él, cuerpo con cuerpo, y se fundieron en un abrazo como si fueran solo uno. Las manos de ella se entrelazaron detrás de su cuello y jugueteaban con su pelo. Despacio delineó la forma de sus labios con la lengua, intentando hacer que la diosa de sus sueños abriera la boca, necesitaba más, mucho más todo lo que ella estuviera dispuesta a darle. Bajó sus manos hasta depositarlas en su trasero, la apretó aún más contra él. Sus lenguas batallaban apasionadamente. Todo a su alrededor desapareció, su necesidad era cada vez mayor, quería enterrarse profundamente en ella y no salir nunca.
Haciendo acopio de todo su autocontrol, se separó un poco de ella. La miró a los ojos, todavía se podía apreciar en ellos la pasión del beso que habían compartido, ella en sí misma tenía un aspecto agitado que para Dan, era lo más sexy que había visto jamás.
-¿Será una niña tan preciosa como su madre, cara?
-Siento decepcionarte caro, pero te tocará llevarlo a los partidos de fútbol todos los sábados.
-Si es tan listo como tú lo podré soportar, ya iremos a por la niña…
-Si, bueno, tampoco te hagas muchas ilusiones.
-¿Por qué no pasas dentro y lo discutimos… más a fondo?- Le dijo Dan con una pícara mirada.
-Eres incorregible, vas a espantar a tu secretaria, por cierto ahora me explicarás por que le has dicho que no estas casado.
-Por supuesto, pero dentro.
La cogió de la mano, la condujo dentro de su despacho y cerró la puerta. Mary recorrió la habitación con la mirada, se acercó a la ventana y cerró la cortinilla. Dan observaba todo sentado tras su mesa. Sonó un móvil, era el de ella. La vio esbozar una media sonrisa, teclear algo rápidamente y sentarse frente a él.
-Bueno, ¿me piensas decir a qué has venido?
-¿Qué forma es esa de hablar a tu esposa Daniel?
- Ja ja ja muy graciosa señorita, pero debes saber que podía haberte salido mal la jugada.
-Confiaba en tu fuerte curiosidad. Pero tienes razón, he venido a hablar de la chica que me dio información sobre el caso de mi hermana… es peor de lo que te puedes imaginar.
-Espera un momento, le diré a rose que traiga café, no quiero que acabes en el hospital otra vez.
-No hace falta, de verdad, tu solo siéntate y escucha.
-¿Sabes que a pesar de todo esto, cuando hayas acabado no podrás saber nada más del caso de tu hermana verdad? Lo digo para que no te involucres demasiado en el caso, es un asunto exclusivo del F.B.I
-Tranquilo, se perfectamente cual es mi papel.

§Capítulo XI: 1/6§


Capítulo XI: Misión imposible 4.
Las carcajadas de Mary se podían oír en varios kilómetros a la redonda, desde el asiento del conductor James le lanzó una mirada furibunda.
-¿No crees que es suficiente? La verdad sigo sin encontrarle la gracia a todo esto… Si no fuera tan buena persona y tu no pusieras esa mirada de cachorro abandonado, ahora mismo estaría camino a mi casa, a lo mejor incluso paraba a tomar algo en algún bar cercano, y no acabaría la velada solo….
-Oh vamos Don gruñón, dime que puede ser más divertido que ver a medio edificio por el suelo y a la pequeña y dulce Caroline a punto de hacerte una felación. Además si todo sale bien, hoy no acabarás la velada solo… ¿no?
-¡Mi Dios! Más te vale que no sea
-Difícil de mirar James querido, no seas irrespetuoso-Lo interrumpió Mary burlona
-Ya, ya lo que tu digas, pero te aseguro que esta me la pagarás. Y cambia de emisora de una vez-Gruñó James.
-Tú ocúpate de no perderte, en la siguiente a la derecha- Respondió desafiantemente mientras subía el volumen y empezaba a cantar, o, en su caso a chillar desafinadamente-Oh mira allí hay una  plaza para aparcar, que suerte hemos tenido ¿no crees?
-Sí, que afortunado soy…
-No lo sabes tu bien, James…
Antes de que James le abriera la puerta del copiloto, Mary bajó del coche, tomó aire y se dijo a si misma que aquello no podía ser ‘Misión imposible 4’ o algo por el estilo, ella tampoco era Tom Cruise, ni mucho menos James Bond. Con paso decidido y con James a su lado, cruzó las puertas giratorias de la comisaría del guapísimo Daniel Leonetti, pero aquello era en lo último en lo que debía pensar si quería que su plan funcionara, o quizá, si tan solo…Pero no, ella no podía hacer eso, más bien no debía hacerlo.
Tras pasar el control de seguridad se dirigieron hacia el mostrador, donde una joven oficial esperaba sonriente.
-Hola, buenos días, ¿puedo ayudarlos en algo?
Intercambió una mirada con James.
-Sí, claro quisiera hablar con Daniel Leonetti, por favor.
-Claro, en seguida la paso con su secretaria ¿es usted familiar? Porque si no es así, me temo que no podrá recibirla.
-Sí, soy su mujer, solo quería informarle de que el ginecólogo ya me ha dicho el sexo del bebé que estamos esperando-Dijo una sonriente Mary ante las miradas anonadadas de la joven y James.
-Oh, por supuesto, en ese caso no creo que haga falta comunicarla, supongo… Es en la tercera planta a la derecha, el ascensor está a la izquierda. Felicidades.
-Muchísimas gracias, vamos James.
-Em, esto sí, claro…
Con ágiles pasos se dirigieron al ascensor rápidamente. Una vez dentro James volvió en sí.
-¡¿Qué demonios le acabas de decir a aquella mujer?! ¡¿Acaso se te ha ido la pinza por completo?! ¿Dios mio, para que clase de loca trabajo?
-Oh, vamos, cálmate solo ha sido una pequeña mentirijilla para que no nos hagan esperar. No es el fin del mundo James.
Antes de que él pudiera replicar las puertas del ascensor se abrieron, y varios pares de ojos se posaron sobre ellos.
-Muy bien este es el plan, yo entro en su despacho lo distraigo, y tú mientras haces tu trabajo, y date prisa que tengo un sobrino al que recoger ¿entendido?
-Sí, capitán
-Me alegra ver que has recuperado el humor- Dijo Mary tras soltar una pequeña carcajada.
Se acercaron a la puerta en la que se podía leer D. Leonatti, cerca una mujer de unos 30 años tecleaba incesante delante de su ordenador. Tras cruzar su mirada con James durante unos segundos, se armó de valor y dijo.
-Hola, buenos días, quisiera hablar con Dan, ¿está en su despacho?
-Ahora está ocupado, si quiere puede dejarle un mensaje. ¿Quién es usted?-Preguntó la mujer con una mirada de lo más hostil, al final iba a acabar haciendo una buena obra incluso.
-Soy su mujer, quería comunicarle el sexo del bebé que estamos esperando ¿está dentro?
-Daniel no está casado, señorita, lo siento pero tendrán que irse- Dijo reparando por primera vez en James.
-¿Perdone, me está llamando mentirosa? Puede comprobarlo usted misma, pregúnteselo- Se indignó Mary, con súbita confianza.
-Oiga, márchese, por favor, no me haga perder más el tiempo,
-Muy bien, entonces entraré, que tenga un buen día. James espérame aquí.


viernes, 22 de junio de 2012

§ Capítulo X §


Capítulo X: La curiosidad mató al gato.
El personal se congregaba alrededor de la puerta del despacho de la doctora Tyler. El interés hacia aquella reunión imprevista resultaba abrumador. Todos en el edificio conocían la tensión sexual entre ella y su ayudante, James. Así que cuando ella impidió que él se tomara un descanso para comer, y lo metió en su despacho, era de esperar que todos los trabajadores del edificio, desde los más ricos ejecutivos de la última planta hasta el servicio de limpieza, acudieran a la planta dieciséis. Todos se apelotonaban alrededor de la puerta de manera que obstaculizaba la escucha, imposible por las apuestas murmuradas de los empleados acerca de lo que estaba pasando.
-¡Shhh callaos, dejad las apuestas para después! Así no hay quién escuche…-Se quejó Sally, de la tercera planta.
-Seguro que se ha cansado de esperar a que el diera el primer paso-Murmuró Bryan.
-Menudo chasco se va a llevar, es gay…-Comentó otro empleado.
-¡No es gay! ¡Envidioso!-Replicó una de las secretarias de la última planta, Caroline.
-Ohhh, ¡a la nena le gusta James!-Se burló Bryan mientras la chica se ruborizaba.
-No te preocupes cariño, no te podemos culpar… ¿Habéis visto el culo que tiene?-La defendió la mujer de la limpieza, de unos cincuenta y tantos años.
-Shhhhhh- Mandó a callar Sally otra vez- ¡Callaos ya! Está claro que James está buenísimo y no es gay, así que no entiendo por qué discutís.
Caroline, aún ruborizada, se acercó a la puerta, y se colocó junto a Sally. Todo el mundo guardó silencio, pero las preguntas se seguían formulando, ahora a través de la mirada.
En el interior del despacho James se oponía tajantemente a la petición de Mary.
-¿¡Te has vuelto loca!?
-Oh vamos James, es un favorcito de nada, ¿qué te cuesta? Incluso, ¿quién sabe?, te podría acabar gustando…
-¡Yo sé! No me puedo creer que me estés pidiendo lo que me estás pidiendo… No tengo ni idea de qué piensas de mí, pero no soy un gigoló.
-¡Claro que no! Yo no he dicho eso, no es como si te fuera a pagar o algo por el estilo…
-¡Madre santísima! ¿Se puede saber con qué clase de psicópata estoy trabajando?
-Venga, se bueno conmigo, es muy importante para mí y lo sabes. Te prometo que haré lo que tú quieras, pero necesito que me hagas este favor-Suplicó Mary.
-Está bien pequeña manipuladora, pero no pienses ni por un momento voy a olvidar este pequeño favor, que por cierto vale por diez-Aceptó James mientras se dirigía a la puerta meneando la cabeza de lado a lado y murmurando-Bendita chalada…
Antes de que alguien pudiera evitarlo, James giró el pomo de la puerta y empujó. Después de eso, todo se convirtió en un caos. Sally calló de rodillas sobre la mullida alfombra del despacho. Caroline, sin poder evitarlo, tropezó con ella y se abalanzó sobre James, quedando su cabeza en su entrepierna y sus mejillas ardiendo. La señora de la limpieza empezó a pasar la fregona, y tiró a otros tantos que intentaban huir de la planta dieciséis a toda velocidad. El cubo de la fregona acabo por los suelos, al igual que uno de los empleados, que tropezó con él y derramó su café sobre el pobre cartero. Y de repente, en medio de aquella piscina humana de la planta dieciséis, se plantaron unos tacones de aguja de diez centímetros. Sobre ellos un cuerpo con actitud burlesca se dirigía hacia al ascensor, pero antes de entrar se giró y dijo:
-James, querido, te espero en el garaje, no tardes- Comentó Mary mientras esbozaba su sonrisa más seductora.

jueves, 21 de junio de 2012

§ Capítulo IX: 2/2 §


Estaba completamente absorta en sus recuerdos, había perdido la noción del tiempo y del espacio. Recordaba vívidamente los ojos llenos de tristeza y temor de la chica, que le suplicaba perdón con la mirada. Pero, a pesar de que ella se culpaba, Mary la veía como otra víctima más, que vivía sin vivir, no había luz en su mirada. Era un cuerpo sin alma, cansado de todo, incluso de existir… La analizó por completo mentalmente, no quería hacer un juicio precipitado. Sintió un movimiento, algo zarandeaba su cuerpo incesantemente. Pero no podía volver, todavía no, era demasiado pronto y ella deseaba, más que nada en el mundo, vengar la muerte de su hermana. Un murmullo lejano penetró en su cerebro, palabras sueltas, sin sentido… Sentía que debía volver a la realidad, pero estaba cerca, muy cerca, de descubrir al asesino de su hermana.
Dan se estaba volviendo loco, no sabía que hacer. Mary estaba como hipnotizada, con los ojos en blanco, y mientras, podía escuchar el llanto de Mark en el piso de arriba. ¿Qué demonios se suponía que tenía que hacer? Como si tuvieran vida propia, sus piernas lo levantaron de la silla, lo sacaron del despacho y lo condujeron hasta la habitación del niño, guiadas por el llanto. Al entrar en ella, vio al pequeño bañado en lágrimas y sudor, llamando a su tía sin cesar, preguntando por su madre. Y en ese mismo instante, nació en él un sentimiento protector hacia Mark, y un sexto sentido le decía que aquello le iba a traer algunos problemas. Antes de que su cerebro pudiera impedirlo, se acercó a la cama y lo abrazó, susurrándole palabras cariñosas y tranquilizadoras hasta que se volvió a  dormir. Se aseguró de que estuviera bien arropado y volvió con Mary. La cogió del hombro, de nuevo, con delicadeza, y la movió despacio. Nada. Lo intentó una vez más, ahora un poco más fuerte, y acompañando los movimientos de su nombre. Nada. Lo repitió otra vez, más fuerte, con más voz.
Todo a su alrededor se volvió negro, siniestro, pero seguía escuchando esa dichosa voz pronunciando su nombre. Con cada segundo la única persona que la podía conducir al asesino se alejaba más de ella. Mary corrió con todas su fuerzas hacia la chica, pero era imposible atraparla, parecía que todos sus esfuerzos eran en vano. Su fuerza disminuía progresivamente, sintió como las piernas le flaqueaban, todos a su alrededor se volvió oscuro.
***
La luz del sol la cegó por un momento. Parpadeó varias veces, y volvió a abrir los ojos. No sabía donde se encontraba exactamente. Miró a su alrededor, la habitación era blanca, a su lado, sobre una mesita habían flores. Intentó levantarse de  la cama, pero sintió que cabeza le iba a explotar. Volvió a tumbarse en el mismo instante en que la puerta se abría. Una enfermera entró seguida de un hombre que parecía preocupado, lo reconoció al instante. Lo vio intercambiar una mirada con la enfermera, que tras asegurarse de que su paciente estuviera cómoda se marchó, dejando tras ella un silencio incómodo.
-¿Qué tal estás?- Fue lo primero que se atrevió a decir Dan.
-Me encuentro genial- Mintió Mary forzando una sonrisa-¿Pero, qué me ha pasado? Lo último que recuerdo es que estábamos en mi despacho, y yo te estaba repitiendo la conversación con esa chica.
-Sí, pero de pronto te quedaste como hipnotizada, no me oías, ni a mi ni a Mark, y luego te caíste de la silla. Los médicos dicen que has tenido una especie de desmayo por estrés post-traumático, o algo así… Si lo hubiera sabido no te habría hecho hablar con ella.
-No, no importa, quería hacerlo. ¿Dónde está Mark?
-Está bien, mis compañeros lo llevaron con su abuela.
Tras aquellas palabras volvió el silencio. Dan se acercó a la ventana y le dio la espalda. Tenía que pensar en alguna manera de entrar en los archivos de la policía. Sabía que aquel agente italiano no la iba a dejar acercarse demasiado a su comisaría, y menos a su ordenador. En ese momento una idea descabellada cruzó por su mente, y una sonrisa traviesa se dibujó en su rostro. Sí, eso podía funcionar. Carraspeó para llamar la atención del agente y, en cuanto este se volvió, con una mirada interrogativa, dijo:
-¿Cómo tomas el café?-Cuando él frunció más el ceño intentó aclararse- Lo que quiero decir es que cómo te gusta que tu secretaria te lleve el café por la mañana, aquí tienen máquinas de café y te iba a pedir que me trajeras uno, pero a lo mejor tu también querías y, en fin, curiosidad supongo….- Acabó Mary, dándose cuenta de que había hablado demasiado cuando el la miró como si estuviera loca y con una expresión divertida en el rostro.
-Con leche, pero no creo que tu puedas beberlo, tendrás que esperar a llegar a tu casa.
-Claro, debí suponerlo….

miércoles, 2 de mayo de 2012

§Capítulo IX: 1/2 §


Capítulo IX: Origen homicida.
Mientras bajaba las escaleras, Mary no dejaba de pensar en lo que había pasado hace unos segundos, más bien en lo que había estado a punto de pasar. No sabía que le había pasado a su cerebro, pero de lo que sí estaba segura era de que no iba a volver a pasar. Aunque tuviera que mantenerse alejada de Dan, se dijo a sí misma, mientras un sentimiento que no supo identificar estrujaba su pecho.  Al entrar en su despacho,  una palabra acudió a su cerebro. Miedo, tenía miedo, miedo a volver a fracasar. Antes de que pudiera seguir pensando en ello, se abrió la puerta, y apareció Dan. Mary se fijó en su aspecto. Desaliñado lo describiría a la perfección. Sí, desaliñado, pero también encantador.  Recorrió su cuerpo con la mirada, e inmediatamente volvió a sentir aquella electricidad, la misma que había invadido su cuerpo minutos antes. Al darse cuenta de que él la observaba apartó la mirada rápidamente.
-Siéntate, por favor- Dijo Mary.
Dan estaba delante de ella, no sabía que hacer. Momentos antes todo había desaparecido, y luego… nada. Se estaba volviendo loco, concretamente desde la noche en la que la conoció. Había intentado olvidarla miles de veces, millones incluso, pero nada había valido. Ni otras chicas, si el celibato…. Nada. Y ahora la tenía frente a él y no tenía ni idea de que decir. El silencio era tenso y estaba dispuesto a decir cualquier cosa, pero antes de que pudiera abrir la boca y cagarla aún más, Mary se adelantó y dijo.
-Bueno, supongo que quieres saber que me ha dicho esa mujer ¿no?
-Emm, sí claro, pero si no estás preparada podemos quedar mañana, o cuando tú quieras, cuando te sientas mejor, más tranquila…
-¡No!-Se apresuró a decir Mary, no creía que pudiera aguantar una hora más a su lado sin caer rendida a sus pies- No, de verdad, no hace falta. Yo… estoy mejor.
-¿Segura?-Inquirió Dan- Porque no quiero que te sientas presionada.
-Sí, estoy segura. Solo… no te desesperes si me falla la voz en algún momento ¿vale?
-De acuerdo.
La mente de Mary rebobinó hasta su encuentro con la chica en la sala de interrogatorios de la comisaría. Reprodujo mentalmente, con mucho detalle y precisión, la conversación. Y, sin darse cuenta, empezó a hablar en voz alta, bajo la atenta mirada de Dan.
- Lo siento tanto, necesitaba el dinero,  no sabía lo que pasaría. Y lo amaba tanto… Nunca me imaginé que pudiera hacer algo así. Me tenía engañada, me juró amor eterno, me dijo que no había secretos entre nosotros, pero era un monstruo...Adam era tan guapo, debes imaginarte  cómo se sintió alguien como yo, el patito feo de la familia, alguien que siempre pasa desapercibida, cuando alguien como él se fijó en mí .Lo único que puedo decir es que estaba tan necesitada de cariño, que no quise ver todo lo malo de él. Si pudiera volver atrás y salvar a tu hermana lo haría, sin dudarlo, ella estaba tan llena de vida, era tan buena, no merecía morir así
-Shhh tranquila, todo está bien, relájate… Muy bien, ¿estás mejor?
-Sí, aunque no deberías de ser tan buena conmigo, soy igual que él, un monstruo…
-¿Qué has hecho para que deba suponer que eres un monstruo? ¿Y quién es él, Adam?
-Verás, conocí a Adam el verano pasado. Si tú también lo hubieras conocido entonces no te habrías imaginado la verdad. Era encantador, me hizo creer tantas cosas… Yo lo amaba, me hacía sentir tan bien, tan guapa, tan querida… Por un tiempo me olvidé de cómo soy en realidad, y fui feliz, muy feliz.
-Pero tú ya eres guapa, muchísimo…
-Ahora lo se, pero antes… Mi familia siempre me menospreció. ¿Por qué? Sencillo, me adoptaron, al principio todo era perfecto, pero luego la mujer se quedó embarazada, y cuando nació Natalie yo deje de ocupar un sitio en sus vidas, simplemente era una persona a la que daban techo y comida. Tiempo después me gradué, y empecé a trabajar. Monté mi propia empresa de caterin, y así fue como conocí a Adam. Estábamos trabajando en la recepción de una boda, la de su madre. Él la quería mucho, demasiado, ¡estaba obsesionado con ella! Si me hubiera dado cuenta a tiempo… La podría haber salvado, a todas ellas
-Tú no tienes la culpa de nada, fue él, te engañó.
-Gracias, pero no deberías ser tan amable, al fin y al cabo pude haber salvado a tu hermana…
-No, estoy segura de que si hubieras podido la habrías salvado.
-¿Cómo estás tan segura?
-Porque ahora que lo sabes me estás contando todo esto, estas salvando muchas vidas. Por eso te pido que continúes.
Mary estaba tan concentrada recordando todo aquello, que ni siquiera escuchó el grito de Mark.

lunes, 30 de abril de 2012

§Capítulo VII: 3/3 §


Capítulo VIII: Light in the dark.

Dan estaba en la cafetería con el crío cuando la vio llegar. Se fijó en su rostro, pálido, sin vida. Era como si de repente su mundo hubiera estallado en mil pedazos. De prisa, sin dudarlo fue hasta ella antes de que se desplomara sobre el suelo. La acompañó hasta la silla más cercana y fue a por un vaso de agua. Cuando se giró vio como el niño corría hacia ella mientras le decía que tenía sueño. Sintió cómo se le encogía el corazón cuando la vio abrazar a su sobrino mientras derramaba una lágrima solitaria. Fuese lo que fuese lo que la exnovia de Adam le había dicho estaba seguro de que no era nada bueno. Esperó unos minutos alejado ambos para proporcionarles un poco de intimidad. Luego se acercó a Mary y le dio el vaso con agua, se sentía incómodo, ese no era su lugar. Quería saber que le había dicho, pero no tenía ni idea de cómo preguntárselo, temía que si sacaba el tema muy bruscamente se pudiera a llorar.
Mary seguía dándole vueltas a la información que acababa de recibir. Sabía que Dan espera que se lo contara todo, pero no se sentía capaz, todavía no, necesitaba más tiempo. Levantó la cabeza para decírselo, pero en cuanto se encontró con su mirada vio una férrea determinación. Sólo esperaba que no la obligara a contárselo esa misma noche, necesitaba dormir. Decidida cogió a Mark en sus brazos y le hizo reposar la cabeza sobre su hombro. Dan entendió el mensaje y los condujo de vuelta al coche. Durante todo el trayecto hasta Kenilworth, esas condenadas palabras rondaron por su cabeza. Ahora muchas piezas encajaban, pero todavía quedaban cosas suelas, sin sentido. Pero en ese mismo instante juró vengar la muerte de su hermana. Aquel desgraciado pagaría con sangre y lágrimas, aunque muriera en el intento. Antes de que se diera cuenta ya habían llegado a su casa, lo supo porque Dan estaba esperando a que abriera el pórtico para poder entrar. Le pasó el mando, y dirigió una mirada a su pequeño. Estaba completamente dormido agotado. Dan se bajó del coche, le abrió la puerta y cargó con Mark. Mary le abrió la puerta y lo acompañó hasta el dormitorio del pequeño. Lo arropó, le dio un beso en la frente y, al levanta la cabeza vio a Dan observándola. En sus ojos había una inmensa ternura, se preguntó cuántas variedades de verde podría tener. En ese momento todo a su alrededor desapareció, solo existían él, sus maravillosos ojos y ella. Sintió una conexión inmediata, algo estalló en su interior, no supo descifrarlo, pero supo que le iba a traer problemas, muchos problemas. Un corriente eléctrica, casi antinatural, recorrió todo su cuerpo, desde las raíces de sus cabellos hasta la punta del pie. De pronto se encontraba junto a él, cerca, demasiado cerca, pero no lo podía evitar. Su cerebro se había puesto en modo off, dejando a su cuerpo bajo el control de sus rebeldes hormonas. Cerca, tan cerca que escuchaba los latidos de su corazón, sentía su pecho subir y bajar debido a la respiración, cada vez mas agitada. Sintió cómo le sudaban las manos. ¡Demonios! Eso no le pasaba desde que acabó la secundaria. Sus labios se rozaban. Era como si el mundo se hubiera parado solamente para crear aquella magia a su alrededor, como en un cuento de princesas. Y, claro está, en todo cuento hay siempre una bruja malvada, en esta ocasión era su teléfono.
Se miraron a los ojos durante unos segundos, ambos compartían sentimientos confusos que en ese momento no podían descifrar. Mary fue la primera en apartar la mirada.
-Te espero abajo, en mi despacho, creo que recuerdas dónde está ¿no?- Dijo avergonzada mientras se alejaba escaleras abajo.
-Sí, mi memoria es bastante buena-dijo Dan, con una mirada que ella no supo identificar, justo antes de contestar el teléfono.