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jueves, 11 de julio de 2013

§Capítulo XII: 3/3 §

-Sí, por supuesto, pero antes tienes que prometerme una cosa…
Dan meditó sus opciones mentalmente durante unos minutos. Finalmente dijo:
-Dime que quieres que te prometa y ya veremos.
-Quiero ir contigo y con tu equipo. Antes de que te niegues rotundamente, te juro que no estorbaré ni haré nada que pueda comprometer tu trabajo el caso.
-Mary, Sabes perfectamente que eso sería imposible, los civiles no pueden estar involucrados en casos de F.B.I, y mucho menos acudir con ellos a misiones de vital importancia para los casos, salvo que sean testigos potenciales y se necesite sus declaraciones.
-Pero esto es de vital importancia para mí, necesito saber dónde estuvo mi hermana durante sus últimas horas de vida. Lo necesito Dan.
-Te entiendo perfectamente, ahora entiéndeme tú a mí, si te llevo con nosotros y alguien de arriba se entera, no sólo peligra mi trabajo, sino que conmigo fuera del caso, tú estarías aún menos informada.
- ¡Oh vamos! ¿Quién se va a enterar? Si quieres incluso me quedaré en el coche, sin moverme, únicamente necesito saber dónde estuvo Jane antes de morir.
Dan se mantuvo callado, pensativo, mientras la observaba atentamente. Sus ojos brillaban con una pasión que se le hacía muy conocida. Brillaban clamando venganza. ¿Debería arriesgarse y confiar en su palabra, o lo mejor sería obligarla a hablar?  Sin duda alguna la idea de someterla le atraía enormemente.
-Lo siento Mary, pero no puedo llevarte, dame la dirección y te comentaré todo lo que se sepa en cuanto volvamos.
-No.
-¿No?
-No. Tengo que ir. Si yo no voy, tú no vas.
-Mary, creo que no eres del todo consciente de la situación…
-Soy del todo consciente la situación agente, es usted el que no lo es. Soy yo la que posee la información,  por lo que soy yo la que pone las condiciones, y si de verdad quieres las coordenadas de la casa de Westright te atendrás a ellas.
-Esto se considera obstrucción a la justicia, señorita, podría arrestarla y permanecería entre rejas hasta la resolución del caso.
Sus afiladas miradas se batieron en un duelo de poder. Ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder. Sin pestañeos, sin concesiones.
Finalmente fue Mary la primera en claudicar, tomó aire profundamente y esbozó una pícara sonrisa.
-En ese caso agente, obviamente,  me  veré obligada  a compartir mi información con usted. Claro que últimamente olvido las cosas muy a menudo…
-¿Está insinuando algo?-Preguntó Dan asombrado.
-No, por supuesto que no, sólo le advierto de que soy muy olvidadiza, y suelo confundir direcciones… Pero se me da muy bien reconocer el paisaje sin embargo.
Dan estaba totalmente maravillado ante su astucia, así que no pudo hacer más que soltar una sonora carcajada.
Mary por su parte, sintió cómo la sangre coloreaba sus pómulos, al notar cómo la familia de Dan  los observaba aún con mayor interés.
Cuando finalmente Dan se tranquilizó, la que supuso que era su hermana se acercó de nuevo a la mesa, esta vez acompañada de una señora de mayor edad, rezó fervientemente por que no fuera su madre.
-¡Oh Dios mío! ¿En serio se está riendo? Quiero decir, lleva como siglos sin sonreír siquiera, y lleváis aquí unos cinco minutos y se está riendo a carcajadas, ¡a carcajadas! ¿Sabes lo que significa eso? ¿A caso eres algún tipo de bruja o hechicera o algo así? Porque créeme, ver a Dan riendo es casi tan raro e inusual  como ser absorbida por un ovni durante una Navidad en la que cenes tostadas y leche.-Dijo, no, prácticamente gritó, la chica en su oído. Por eso no le gustaba conocer familias…
-Flor relájate, respira. Eso es-Dijo la señora que la acompañaba al ver como la chica realiza sus ejercicios de relajación- No queremos asustarla ¿verdad? Hola soy Fiona la madre de Dan, ¿cómo te llamas encanto?
-Emm… Encantada… Yo soy Mary…-Mierda, él se la había jugado bien, pensó Mary. Pero eso no acabaría así, si él quería jugar, le mostraría que nadie jugaba como ella- Estoy tan contenta de conocerla por fin, de conocerlas- se corrigió- Dan habla tanto de toda su familia. Todas las noches…
-Oh así que lleváis mucho tiempo juntos ¿no?
-Bueno, creo que ni siquiera una vida sería suficiente para nosotros, pero sí, se podría decir que sí, en tres meses cumplimos un año.
Hizo lo imposible por no romper a reír al ver cómo los ojos de Fiona, la madre de Dan, parecía salirse de sus órbitas. Flor, su hermana, estaba hiperventilado, por un momento creyó que ni siquiera respirar la ayudaría. Y Dan… ¡Oh Dan! Estaba tan pálido como uno de los vampiros de la saga literaria de moda, mientras tosía desenfrenadamente.
Definitivamente, había valido la pena haber pasado por todo aquello.
Además conseguiría visitar el lugar en el que mataron a su hermana.

Vengaría la muerte de Jane, aunque muriera en el intento.

martes, 9 de julio de 2013

§ Capítulo XII: 2/3 §

Con paso inseguro pero firme, Mary se acercó a la mesa en la que se encontraba Dan. ¿Era impresión suya o todos los pares de ojos del local se giraban a su paso?
Sin darle mucha importancia siguió caminando. No encontraba la palabra exacta para definir a ese hombre, aunque dudaba de que con una fuera suficiente. Si con tan sólo una mirada podía conseguir que una intensa llama de calor se apoderara de su cuerpo… Qué los dioses se apiaden de ella, no sabía cuánto aguantaría sentada frente a él sin ponerse en ridículo.
¿Es que siempre tenía que estar tan endemoniadamente sexy?
-H…Hola-murmuró nerviosa- Siento el retraso ¿has esperado mucho?- preguntó sonrojada.
-Hey, no te preocupes, no llevo aquí lo suficiente como para irme.
-Genial, eso está bien, porque si no estaría aquí hablando sola, y toda la gente que me mira creería que estoy loca y eso no estaría para nada bien y… mejor callo antes de parecer aún más loca…-Dijo Mary a toda prisa esbozando una tímida sonrisa mientras notaba cómo sus mejillas se tornaban rosa.
-Tienes una sonrisa encantadora-Murmuró Dan abstraído en su sonrisa.
-¿Cómo dices?- interpeló Mary confusa.
-Emm, no nada… ¿Pedimos ya?-Dijo Dan cambiando de tema.
-Sí, claro…
Fue entonces cuando Dan hizo una seña a la joven camarera que había visto antes. En cuanto ésta estuvo junto a su mesa, Mary tuvo la impresión de que no dejaba de mirarla fijamente. Si era sincera consigo misma, tenía que admitir que la estaba intimidando. Dudaba mucho que volviera por allí.
-Mary, ¿Mary?-Escuchó cómo la llamaba Dan.
-Emm ¿sí?
-¿Tú que quieres?
-Nada de entrantes ni primeros, espaguetis está bien…
-Bien, entonces lasaña y espaguetis, ¿y de beber?
-Agua, ¿y tú Mary?
-Lo mismo, luego tengo que conducir…
-Muy bien, entonces son dos botellas de agua, un plato de lasaña y otro de espaguetis, enseguida los tenéis chicos.
Mientras veía a la camarera alejarse con sus pedidos, Mary pensó en cómo sacar el tema del asesino de su hermana. ¿Deberían hablar de ello ahora, o sería mejor esperar hasta el final de la cita? ¿Se marcharía Dan en cuánto tuviera la información deseada sobre el asesino? Decidió que lo mejor sería arriesgarse a hablarlo en ese momento, y después disfrutar de la cena
Fue entonces cuando él se le adelantó.
-Bueno, ya estamos aquí, cenando, en una cita como un matrimonio de verdad, así que… ¿Cuáles son las coordenadas de la casa perdida de Adam Westright?
-Bien, la casa se sitúa…
En ese momento los interrumpió la camarera con las bebidas.
-Aquí tenéis chicos, dos botellas de agua, la comida llegará en unos momentos.
-Gracias- Dijeron los dos al mismo tiempo.
En cuanto se marchó, Mary cada vez más consciente de que todos los empelados del restaurante la miraban susurró a Dan:
-¿Estoy siendo paranoica o la camarera me sigue mirando?
Dan se debatió entre contarle que todos ellos eran familia suya, o hacerse el desentendido.
Finalmente optó por la verdad.
-Son mi familia, quiero decir, los dueños de Luigi’s son mis padres, aunque el restaurante lo abrieron mis bisabuelos cuando emigraron de Italia. Nunca les he presentado a ninguna chica con la que saliera, y cómo no he hablado con ellos del caso, creen que eres una cita. Por eso tienen curiosidad.
-Oh, bien, ahora creo que me siento más incómoda.

-Tranquila, no es como si fuera cierto y fueras a mantener una estrecha relación con todos ellos, así que no tienes que preocuparte de sus interrogatorios. Con eso aclarad, ¿me puedes decir ahora dónde está la casa de Westright?

miércoles, 27 de febrero de 2013

§ Capítulo XII: 1/3 §


Habían pasado tan sólo 30 segundos desde la última vez que consultó su reloj. ¿Dónde demonios se había metido esa mujer? Llegaba ya 15 minutos tarde, y, si algo había aprendido en su trabajo, era que la puntualidad era imprescindible, ya fuese a la hora de salvar vidas o tratando de conquistar a una mujer. Claro que, pensándolo bien, eso no era una cita romántica. Tampoco una reunión de trabajo, ni una misión del F.B.I. Lo mejor sería que dejara de pensar. Paseó la mirada por el restaurante una vez más. Miró cómo aquellas agujas que bailaban en círculos en su muñeca se burlaban de él una vez más. ¿En qué diablos se había metido por culpa de aquella mujer? Su madre estaba histérica en la cocina, preguntando a todo aquel que pasaba si conocía a la misteriosa yankee con la que se había citado su hijo. Eso era, posiblemente, la peor parte de quedar con alguien en el restaurante de tu familia. Menuda sorpresa se llevaría su ‘cita’ cuando descubriera que Luigi’s era prácticamente suyo. Oh sí, se regodearía cuando la viera siendo interrogada por su familia, al fin y al cabo se lo merecía por hacerlo esperar.
Volvió a consultar su reloj: 21:18, marcaba. Frustrado e impaciente dejó que su mirada vagara por el lugar otra vez, pero esa vez, un cambio se produjo en el restaurante. Vio cómo Florenzia, su hermana pequeña, corría hacia la puerta, cómo su madre ponía silencio en la cocina con la esperanza de escuchar algo, cómo su abuelo levantaba la vista del periódico deportivo y esbozaba una pícara sonrisa, pero, sobre todo, vio cómo ella se quitaba el abrigo con aquella sonrisa, aquella que le paraba el corazón, aquella que  esbozaba ella y sólo ella. No entendía por qué su cuerpo reaccionaba de aquella forma tan propia de un adolescente hormonado, y mucho menos cuando hacía tan solo una hora que la había visto. La recorrió con la mirada, de arriba abajo, como si de una gran  obra de arte se tratase, como si nunca antes la hubiera visto, y, en ese momento lo supo. Esa mujer le traería problemas. Pero, supo también, que nunca antes en su vida había sentido tantas ganas de meterse en problemas cómo en aquel momento. Llevaba un vestido verde, por encima de las rodillas, que marcaba a la perfección su silueta hasta la cintura y caía con una falda amplia de vuelos. Sin duda alguna, esa sería la cena más difícil y excitante de toda su existencia.

sábado, 23 de febrero de 2013

§ Capítulo XI:6/6 §

Tenía que pensar rápido si no quería acabar entre rejas, y , claramente ese no era su objetivo de  futuro. El sonido de los pasos se fundía con el de sus latidos. ¿Que podía hacer? 20, 19, 18..
Que Dios se apiadase de mí, pensó Mary, en realidad y sin contar pequeñas travesuras propias de adolescentes, he sido buena ¿no? Demonios, ahora si que la has hecho buena Mary, piensa rápido si quieres volver a sentir la brisa del aire en tu cara.
10, 9, 8...
Sin pensar en lo que hacía se metió debajo del escritorio.
-Hola Michael, ¿otra vez haciendo horas extras?-Escuchó a lo lejos.
-Que va, mi mujer me lo ha prohibido, sólo he venido a por un informe.- Se escuchó cada vez más cerca, incluso podría jurar que estaban junto enfrente de ella.
-Ah el del caso Bloody Mary ¿no? Por cierto, ¿cómo va la investigación?-Preguntó el primero mientras Mary sentía el sudor resbalar por su frente.
-Sí, del mismo, pero por ahora toda la información es confidencial si queremos atrapar a esos cabrones.- ¿Cabrones? ¿En plural?
-Mi madre siempre me dijo que con la Mafia no se juega...- ¿Mafia? ¿En qué estaba metida su hermana?
-Tu madre debería haberte dicho que con el F.B.I no se juega- Mientras los dos hombres reían se escuchó la vibración de un móvil.
Maldijo mentalmente a su karma. Se buena persona y te irá bien en la vida, ya claro...
-¿Quién está ahí?- Preguntó alarmado uno de los hombres, supuso que sería el de seguridad.
-Tranquilo Sal, sólo es Rose, pero ¿que haces ahí debajo?- Preguntó el que suponía, era Michael.
-¿Cómo lo sabes podrías ser cualquiera?
-Por el pelo, bueno Rose ¿no piensas hablar nunca?
Al final el karma si que era justo con ella, al menos un poco. Respirando aliviada Mary carraspeó buscando una excusa creíble tan rápido como podía.
-Oh es que se me ha caído el bolígrafo...-Dijo con la voz grave.
-¿Estás acatarrada o algo así?
-Oh, sí, sí es que con este tiempo...
-...Y... ¿piensas salir de ahí abajo en algún momento?
-Emm verás es un poco incómodo, al agacharme para coger el bolígrafo se me ha enganchado la falda con algún clavo sobresalido del escritorio...
-Oh entiendo, ¿prefieres que nos vayamos?
-Em, sí, la verdad es que sí.
-Discúlpanos, ya nos vamos.
-Muchas gracias.
Mary agradeció mentalmente a todos los dioses por haberla ayudado y prometió ir más a la iglesia si conseguía salir de allí sin problemas. Cuando no escuchó más el sonido de los pasos, decidió salir de su 'escondite'. Sin malgastar un segundo cogió su móvil y su bolso. y se dirigió a las escalera, no se arriesgaría a enfrentarse al guardia de abajo. Velozmente bajó los tres pisos y salió por la puerta de emergencia. 
Tenía 10 minutos para llegar a su cita con Dan. Sólo con pensar en el apuesto detective sintió como sus piernas se volvían de gelatina, pero sin duda alguna, aquel no era el mejor momento para que le temblaran las piernas.  Con paso decidido caminó hasta su coche y, una vez dentro, se quitó la peluca, ya encontraría alguna forma de explicar su agitamiento si no conseguía recuperar su aspecto habitual de camino al restaurante.

viernes, 12 de octubre de 2012

§Capítulo XI:5/6§


-¿Y cuánto tiempo llevas casada con Dan?-Preguntó Rose desde el inodoro.
-Emm, poco tiempo la verdad. Ha sido algo muy repentino.- Le contestó Mary mientras se guardaba las llaves y buscaba cualquier otra cosa que le pudiera servir.
-Amm… La verdad es que estoy bastante sorprendida, desde lo de Charlotte nadie esperara que se volviera a enamorar, y mucho menos que quisiera otro hijo. ¿Cómo os conocisteis?
Había encontrado una tarjeta. Estaba concentrada rebuscando en el bolso de Rose, pero ¿qué había dicho? ¿Otro hijo? Estaba deseando preguntarle de qué hablaba pero sabía que eso levantaría sospechas. Mientras cambiaba los bolsos de sitio se maldijo mentalmente. ¿Cuál se suponía que era la respuesta correcta a esa pregunta?
-Sí, bueno… En realidad es una historia muy larga y creo que mi pedido ya está listo. Además, ¿no querrás hacer esperar demasiado a James no?- Dijo Mary mientras Rose salía del baño.
-Eso mismo me ha dicho él esta tarde cuando se lo pregunté. Pero tienes razón deberíamos volver ya- Después de lavarse las manos se puso un poco mas de pintalabios, mientras Mary sonreía incómoda.
Salieron juntas del baño y se reunieron con James. Mary se despidió educadamente de ambos, les deseó una agradable velada y fue a recoger su comida.
Dentro del coche, respiró lenta y profundamente varias veces,  y pensó en lo que iba a hacer. Se maquillo para la ocasión y encendió el motor. Condujo hasta las oficinas del FBI. Esperó. Los minutos pasaban, y sentía como su corazón latía al compás del segundero de su reloj. Y entonces, sólo entonces, cuando una solitaria gota de sudor estimulada por los nervios se deslizaba lentamente por su mejilla izquierda, vio moverse al guardia de la entrada. Empezaba su ronda. Se puso una peluca morena, esperaba que las cámaras de seguridad no fueran muy buenas. Con el paso rápido se dirigió a la entrada. Todavía podía ver algunas luces de las últimas plantas encendidas. Aligerando aún más el paso llegó a la gran puerta de cristal. Rebuscó en el bolso de Rose y sacó una tarjeta de identificación, la pasó por el lector de la entrada y un inmenso alivio recorrió cada milímetro de su cuerpo cuando el aparato emitió una luz verde y no saltó ninguna alarma. Rápido, antes de que alguien pudiera descubrirla entró en el edificio, fue hacia los ascensores y subió a la tercera planta. Con cada paso se ponía más nerviosa, aun peor, el maldito segundero no dejaba de emitir aquel estresante sonido. Para su suerte no había ninguna oficina con la puerta abierta. Rápidamente se encaminó hacia el despacho de Dan. Sacó el llavero del bolso y empezó a probar con cada una de ellas. La primera, nada. Nada. Nada. Le temblaban las manos, no recordaba la última vez que se había puesto tan nerviosa por algo. Al fin, consiguió dar con la llave correcta. Cerró la puerta con cuidado, ya había llegado demasiado lejos como para que alguien la pillara ahora. Encendió el ordenador y esperó. Contraseña, genial.
No era muy buena con eso. Abrió los cajones en busca de cualquier cosa que pudiera ayudarla. ¿Cómo demonios no se le había ocurrido que el ordenador de un agente del FBI estaría protegido por una contraseña?
Miró en la agenda de Rose, números de teléfono, apellidos, fechas, todo ello al derecho y al revés. Nada. Nada. Nada. ¡Maldición! Abrió el archivador. Miró los últimos documentos y encontró un informe del caso, algo era algo. Apagó el ordenador con la certeza de que volvería. Estaba a punto de irse cuando se le ocurrió mirar en el ordenador de Rose. ¿Cuánto tiempo más tendría hasta que apareciera un guardia o saliera alguien de algún despacho?
Repitió el mismo proceso, y encontró otro informe. Como suponía ese ordenador también le pedía contraseña.
Decidió apagar el ordenador, total, tendría que volver mañana a cambiar los bolsos. El ordenador se estaba apagando, justo entonces oyó cerrarse la puerta de alguna oficina y abrirse las del ascensor. Maldijo a su suerte mil veces mientras sus ojos recorrían toda la sala en busca de un sitio para esconderse. Tenía 30 segundos, 29, 28…¿Cuál sería la condena por allanamiento de  un edificio del Gobierno?

miércoles, 1 de agosto de 2012

§Capítulo XI: 4/6§


***
James estaba nervioso, no se le daba nada bien mentir, y aquella iba a ser la cita más difícil de toda su vida. Mary, frente a él le hacía el nudo de la corbata. Estaba peligrosamente sexy con aquel vestido negro y ajustado, además, aquellos tacones de aguja le hacían unas piernas de infarto. Notó cómo le costaba tragar saliva y le empezaban a sudar las manos. ¿Qué demonios le pasaba? Aquello no le ocurría desde que era un adolescente.
-¿A qué hora volverás tía Mary?- Preguntó Mark con su pijama de naves espaciales.
-Pronto cielo.
-¿Antes de que me acueste?
-No me iré hasta que te duermas, y Anne estará aquí cuidando de ti mientras yo esté fuera.
-¿Y podré jugar con ella?
-No lo creo cariño, para entonces será muy tarde para jugar- Dijo Mary tras soltar una pequeña risa.
-Mmm bueno, supongo que podremos jugar mañana. Pero también me gustaría jugar contigo.
-Oh cielo, sabes que no puedo, tengo mucho trabajo. Pero todos los domingos salimos a dar un paseo.
-¡Pero yo quiero jugar a la invasión alienígena contigo!
-Está bien, si insistes este domingo podríamos jugar a la invasión alienígena.
-¡Genial!
-Sí sí sí, pero ahora ve a lavarte los dientes y métete en la cama, en unos minutos subiré a arroparte.
-¿Y me leerás un cuento?
-Creo que eso se lo dejaré a James, yo todavía tengo que peinarme y maquillarme.
-Vale- Dijo el niño, y segundos después subió las escaleras corriendo hacia el baño.
-Es un niño encantador-Dijo James.
-Sí, la verdad es que sí. Me voy a peinar, ¿por qué no te adelantas y subes a leerle el cuento?
-Está bien, pero no tardes.
-Que sí, pero ahora vete, no me sigas entreteniendo.
Mary se dirigió a su habitación, se sentó frente al tocador. Pensó en hacerse un moño, pero por más que lo intentaba no lograba que todos sus mechones estuvieran fijos. Finalmente se dejó el pelo suelto, decorado únicamente con dos horquillas en el lado derecho. Tras un último vistazo en el espejo, subió a la habitación de Mark. Estaba casi dormido. Se acercó a él, le dio un beso en la frente y se aseguró de que estuviera bien arropado. Esperó a que James acabara el cuento, apagó la luz y ambos se dirigieron a la entrada. Minutos después llegaba Anne, y con ella su plan empezaba.
Primero salió James y se dirigió a las oficinas del F.B.I. Después Mary, hacia el restaurante chino del centro.
James aparcó el coche y entró en el vestíbulo. Se había imaginado muchas escenas, pero esperaba aquel cambio en la secretaria de Dan. Era como si no fuera ella, como si se hubiera presentado a unos de esos programas de cambio radical. Llevaba un pequeño vestido azul, y una chaqueta de cuero. Su pelo caía como si fuera una cascada de fuego, y había cambiado su gafas de pasta por una lentillas. Se acercó a ella, la cogió de la mano y fuero hasta el coche.
-Y bien, ¿a dónde me piensas llevar?
-Conozco un restaurante chino fabuloso en el centro. Espero que te guste la comida china.
-Sí, es mi comida favorita. ¿Cómo lo has sabido?
-Intuición, además, ¿a quién no le gusta la comida china- Dijo James con su sonrisa más seductora.
-No sabes tú bien la de gente rara que hay en el mundo- Bromeó ella.
Aparcó cerca de la entrada principal, no quería que Rose viera a Mary antes de tiempo. La dejó pasar a ella primero y luego pulsó el número de marcación rápida de su jefa.
El maître los condujo hasta su mesa. Esperaba que todo saliera bien, no quería ni pensar en la condena por colarse en el despacho de un agente del F.B.I y robar información.
Poco después se les acercó el camarero.
-¿Desean que les tome nota ya?
-¿Qué pedirás tú?
-Creo que empezaré con unos rollitos, luego tomaré fideos chinos y cerdo agridulce.
-Mmm, yo tomaré lo mismo.
-¿Y de beber?
-Tráiganos un vino de la casa.
-Muy bien señores.
En ese instante vio a Mary entrar en el restaurante. Pidió algo en la barra y se acercó a ellos.
-¡Oh vaya, que casualidad!
-Sra ¿Leonatti?
-Parece que nos hemos vuelto a ver antes de lo que esperaba señorita Rose.
-¿Qué haces aquí Mary?-Dijo James intentando parecer incómodo.
-Tranquilo James no os voy a fastidiar la fiesta. He venido a recoger un pedido para llevar.
-Eh, bueno…. Si me disculpáis creo que voy al baño un momento.
-Oh claro, te acompaño-Al final será más fácil de lo que pensaba, pensó Mary.
Dentro, Rose entró en uno de los lavabos y Mary fingió retocarse el maquillaje. En cuanto Rose cerró la puerta, registró su bolso hasta encontrar las llaves. Había cinco llaves. Sacó varios estuches con plastilina y dejó en ellos la silueta de cada una de las llaves.

sábado, 21 de julio de 2012

§Capítulo XI: 3/6§


-Claro, cuanto antes mejor, no tengo mucho tiempo. Verás, según me dijo Nicole…
-¿Nicole?
-La chica que pidió hablar conmigo, ¡y deja de interrumpirme!
-Perdone su señoría-Dijo Dan divertido ante la mirada furibunda de Mary-Continúe por favor.
-Como iba diciendo, se llama Adam Westright, paradero desconocido por el momento, aunque hay una casa de campo a la que la llevó una vez. Nicole me dijo que la casa estaba totalmente aislada, Adam recibió una llamada una de las noches, y partieron de nuevo a Chicago antes de que amaneciera. También sé que el patrón que sigue al elegir a sus víctimas. Todas deben ser madres, amas de casas, no demasiado esbeltas. Al parecer Adam sufre un severo trastorno obsesivo, está completamente obsesionado con su madre.
-¿Sabes cuántas mujeres hay en Chicago que responden a esa descripción?
-Sí, son muchas, pero por lo menos ya sabes a quién proteger y donde vigilar.
-Vale, lo siento, ¿te hizo alguna descripción física?
-Sí, pero no es muy completa, solo sé que es bastante alto, moreno y de ojos azules
-Genial, eso nos servirá de mucho.
-¡Quieres dejar de hablar como si no te dijera nada que no supieras ya! ¿O es que también sabes dónde está la casa de campo?
-¿Tienes la dirección de la casa?-Preguntó Dan sorprendido.
-Tengo las coordenadas, pero no aquí, están en mi casa.
-¿Podrías ir a por ellas?
-¿Sabes Dan? No eres el único que trabaja aquí, cierro la consulta a las ocho llegaré a casa sobre las ocho y veinte.
-Yo no salgo de aquí hasta las nueve y media.
-¿Trabajáis tanto todos los agentes del F.B.I? ¿No podrías salir un poco antes?
-Sí y sí, pero este caso es bastante sangriento, y tengo mucho trabajo.
-Ahh claro. Tengo una idea muchísimo mejor, ¿que te parece si sales un poco antes y cenamos juntos? ¿A las nueve?
-¿Juntos? ¿Tú y yo?
-Si, ya sabes como un matrimonio normal. No llegues tarde cariño- Le dijo Mary mientras se levantaba, dándole una sonrisa pícara.
-¿Te paso a recoger?
-No hace falta, nos vemos en el restaurante.
-¿En cuál?
-¿Conoces Luigi’s?
-Mejor de lo que te puedes imaginar.
-Genial, pues nos vemos ahí a las nueve- Sonrió Mary mientras salía del despacho.
Fuera supo que su plan iba a funcionar. James y Rose se estaban riendo. Él sostenía una de las manos de ella entre las de él. Todo iba tal y como había planeado, solo faltaba un último detalle.
-Vaya Rose, que bolso tan bonito, ¿dónde lo has comprado?
-Muchas gracias, la verdad es que es de Walt Mark-Contestó la mujer risueña, sin quitarle los ojos de encima a James.
-¿En serio? Pues, el caso es que yo tengo uno igual en el coche. Tienes buen gusto Rose, me gustaría salir contigo algún día de estos, y ya sabes, hacer cosas de chicas-.Le propuso bajo la asombrada miada de Dan- Pero eso tendrá que ser otro día, porque ahora nos tenemos que ir ¿verdad James?
-Em, sí claro. ¿Nos vemos a las 8?-Dijo James con su habitual sonrisa de seductor.
-Sí, esperaré impaciente-Respondió una ruborizada Rose.
Tras despedirse, se dirigieron de nuevo al ascensor. Mary con la certeza de que su plan iba a funcionar y James con la certeza de que su jefa estaba más loca que sus pacientes.
-¿Vas a salir con ese tipo?
-No lo llames ese tipo, se llama James y trabaja para tu embarazada mujer de la que no me habías dicho nada antes. Es más creía que después de lo de Charlotte no querías saber nada de las mujeres ni del amor-Le reprochó Rose.
-Esa es una larga historia difícil de explicar Rose…
-Lo suponía, por cierto hoy me iré antes si no te importa
-No tranquila, ve y disfruta de tu Romeo.

sábado, 14 de julio de 2012

§Capítulo XI: 2/6§


-¿Qué demonios se cree que está haciendo?
-Ya que usted no quiere comprobarlo, entraré a ver a mi marido sin su autorización.
-Si con eso consigo que se vayan, lo comprobaré ahora mismo.
-Adelante, por favor.
Marcó la conexión 2 en el teléfono de su escritorio y después de dos toques se pudo escuchar la voz de Dan a través del altavoz.
-Dime Rose, ¿qué ha pasado? ¿ has recibido alguna información sobre el caso ‘Bloody Mary’?
-No Dan, siento interrumpirte, pero hay una mujer aquí que dice ser tu mujer y…
-¿Mi mujer?
-Sí, y dice que ya sabe el sexo del bebé que estáis esperando.
Tras esas palabras se cortó la comunicación, y segundos después, un magnífico Dan sin corbata, con los primeros botones desabrochados, la camisa remangada y despeinado apareció por la puerta de su oficina.
No podía creer lo que estaba viendo, aquella mujer había estado a punto de provocarle un infarto, pero desde el momento en que la vio su cerebro había dejado de funcionar, y su corazón empezó a latir mucho más deprisa. Así que su mujer eh… quizá sacara provecho y podría enseñarle una buena lección, mataría dos pájaros de un tiro.
Con pasos feroces y sensuales se acercó a Mary y la agarró por la cintura. Aquella pequeña cintura que llevaba meses volviéndolo loco. Poco a poco fue bajando la cabeza hasta posar sus labios sobre los de ella, los mismos carnosos y jugosos labios que eran su perdición. Notó la sorpresa en su cuerpo y para relajarla empezó a mover las manos hacia arriba y hacia abajo, en una caricia de lo más sensual. Sintió su cuerpo relajarse y estremecerse de placer bajo las caricias de sus expertas manos. La pegó más a él, cuerpo con cuerpo, y se fundieron en un abrazo como si fueran solo uno. Las manos de ella se entrelazaron detrás de su cuello y jugueteaban con su pelo. Despacio delineó la forma de sus labios con la lengua, intentando hacer que la diosa de sus sueños abriera la boca, necesitaba más, mucho más todo lo que ella estuviera dispuesta a darle. Bajó sus manos hasta depositarlas en su trasero, la apretó aún más contra él. Sus lenguas batallaban apasionadamente. Todo a su alrededor desapareció, su necesidad era cada vez mayor, quería enterrarse profundamente en ella y no salir nunca.
Haciendo acopio de todo su autocontrol, se separó un poco de ella. La miró a los ojos, todavía se podía apreciar en ellos la pasión del beso que habían compartido, ella en sí misma tenía un aspecto agitado que para Dan, era lo más sexy que había visto jamás.
-¿Será una niña tan preciosa como su madre, cara?
-Siento decepcionarte caro, pero te tocará llevarlo a los partidos de fútbol todos los sábados.
-Si es tan listo como tú lo podré soportar, ya iremos a por la niña…
-Si, bueno, tampoco te hagas muchas ilusiones.
-¿Por qué no pasas dentro y lo discutimos… más a fondo?- Le dijo Dan con una pícara mirada.
-Eres incorregible, vas a espantar a tu secretaria, por cierto ahora me explicarás por que le has dicho que no estas casado.
-Por supuesto, pero dentro.
La cogió de la mano, la condujo dentro de su despacho y cerró la puerta. Mary recorrió la habitación con la mirada, se acercó a la ventana y cerró la cortinilla. Dan observaba todo sentado tras su mesa. Sonó un móvil, era el de ella. La vio esbozar una media sonrisa, teclear algo rápidamente y sentarse frente a él.
-Bueno, ¿me piensas decir a qué has venido?
-¿Qué forma es esa de hablar a tu esposa Daniel?
- Ja ja ja muy graciosa señorita, pero debes saber que podía haberte salido mal la jugada.
-Confiaba en tu fuerte curiosidad. Pero tienes razón, he venido a hablar de la chica que me dio información sobre el caso de mi hermana… es peor de lo que te puedes imaginar.
-Espera un momento, le diré a rose que traiga café, no quiero que acabes en el hospital otra vez.
-No hace falta, de verdad, tu solo siéntate y escucha.
-¿Sabes que a pesar de todo esto, cuando hayas acabado no podrás saber nada más del caso de tu hermana verdad? Lo digo para que no te involucres demasiado en el caso, es un asunto exclusivo del F.B.I
-Tranquilo, se perfectamente cual es mi papel.

§Capítulo XI: 1/6§


Capítulo XI: Misión imposible 4.
Las carcajadas de Mary se podían oír en varios kilómetros a la redonda, desde el asiento del conductor James le lanzó una mirada furibunda.
-¿No crees que es suficiente? La verdad sigo sin encontrarle la gracia a todo esto… Si no fuera tan buena persona y tu no pusieras esa mirada de cachorro abandonado, ahora mismo estaría camino a mi casa, a lo mejor incluso paraba a tomar algo en algún bar cercano, y no acabaría la velada solo….
-Oh vamos Don gruñón, dime que puede ser más divertido que ver a medio edificio por el suelo y a la pequeña y dulce Caroline a punto de hacerte una felación. Además si todo sale bien, hoy no acabarás la velada solo… ¿no?
-¡Mi Dios! Más te vale que no sea
-Difícil de mirar James querido, no seas irrespetuoso-Lo interrumpió Mary burlona
-Ya, ya lo que tu digas, pero te aseguro que esta me la pagarás. Y cambia de emisora de una vez-Gruñó James.
-Tú ocúpate de no perderte, en la siguiente a la derecha- Respondió desafiantemente mientras subía el volumen y empezaba a cantar, o, en su caso a chillar desafinadamente-Oh mira allí hay una  plaza para aparcar, que suerte hemos tenido ¿no crees?
-Sí, que afortunado soy…
-No lo sabes tu bien, James…
Antes de que James le abriera la puerta del copiloto, Mary bajó del coche, tomó aire y se dijo a si misma que aquello no podía ser ‘Misión imposible 4’ o algo por el estilo, ella tampoco era Tom Cruise, ni mucho menos James Bond. Con paso decidido y con James a su lado, cruzó las puertas giratorias de la comisaría del guapísimo Daniel Leonetti, pero aquello era en lo último en lo que debía pensar si quería que su plan funcionara, o quizá, si tan solo…Pero no, ella no podía hacer eso, más bien no debía hacerlo.
Tras pasar el control de seguridad se dirigieron hacia el mostrador, donde una joven oficial esperaba sonriente.
-Hola, buenos días, ¿puedo ayudarlos en algo?
Intercambió una mirada con James.
-Sí, claro quisiera hablar con Daniel Leonetti, por favor.
-Claro, en seguida la paso con su secretaria ¿es usted familiar? Porque si no es así, me temo que no podrá recibirla.
-Sí, soy su mujer, solo quería informarle de que el ginecólogo ya me ha dicho el sexo del bebé que estamos esperando-Dijo una sonriente Mary ante las miradas anonadadas de la joven y James.
-Oh, por supuesto, en ese caso no creo que haga falta comunicarla, supongo… Es en la tercera planta a la derecha, el ascensor está a la izquierda. Felicidades.
-Muchísimas gracias, vamos James.
-Em, esto sí, claro…
Con ágiles pasos se dirigieron al ascensor rápidamente. Una vez dentro James volvió en sí.
-¡¿Qué demonios le acabas de decir a aquella mujer?! ¡¿Acaso se te ha ido la pinza por completo?! ¿Dios mio, para que clase de loca trabajo?
-Oh, vamos, cálmate solo ha sido una pequeña mentirijilla para que no nos hagan esperar. No es el fin del mundo James.
Antes de que él pudiera replicar las puertas del ascensor se abrieron, y varios pares de ojos se posaron sobre ellos.
-Muy bien este es el plan, yo entro en su despacho lo distraigo, y tú mientras haces tu trabajo, y date prisa que tengo un sobrino al que recoger ¿entendido?
-Sí, capitán
-Me alegra ver que has recuperado el humor- Dijo Mary tras soltar una pequeña carcajada.
Se acercaron a la puerta en la que se podía leer D. Leonatti, cerca una mujer de unos 30 años tecleaba incesante delante de su ordenador. Tras cruzar su mirada con James durante unos segundos, se armó de valor y dijo.
-Hola, buenos días, quisiera hablar con Dan, ¿está en su despacho?
-Ahora está ocupado, si quiere puede dejarle un mensaje. ¿Quién es usted?-Preguntó la mujer con una mirada de lo más hostil, al final iba a acabar haciendo una buena obra incluso.
-Soy su mujer, quería comunicarle el sexo del bebé que estamos esperando ¿está dentro?
-Daniel no está casado, señorita, lo siento pero tendrán que irse- Dijo reparando por primera vez en James.
-¿Perdone, me está llamando mentirosa? Puede comprobarlo usted misma, pregúnteselo- Se indignó Mary, con súbita confianza.
-Oiga, márchese, por favor, no me haga perder más el tiempo,
-Muy bien, entonces entraré, que tenga un buen día. James espérame aquí.


viernes, 22 de junio de 2012

§ Capítulo X §


Capítulo X: La curiosidad mató al gato.
El personal se congregaba alrededor de la puerta del despacho de la doctora Tyler. El interés hacia aquella reunión imprevista resultaba abrumador. Todos en el edificio conocían la tensión sexual entre ella y su ayudante, James. Así que cuando ella impidió que él se tomara un descanso para comer, y lo metió en su despacho, era de esperar que todos los trabajadores del edificio, desde los más ricos ejecutivos de la última planta hasta el servicio de limpieza, acudieran a la planta dieciséis. Todos se apelotonaban alrededor de la puerta de manera que obstaculizaba la escucha, imposible por las apuestas murmuradas de los empleados acerca de lo que estaba pasando.
-¡Shhh callaos, dejad las apuestas para después! Así no hay quién escuche…-Se quejó Sally, de la tercera planta.
-Seguro que se ha cansado de esperar a que el diera el primer paso-Murmuró Bryan.
-Menudo chasco se va a llevar, es gay…-Comentó otro empleado.
-¡No es gay! ¡Envidioso!-Replicó una de las secretarias de la última planta, Caroline.
-Ohhh, ¡a la nena le gusta James!-Se burló Bryan mientras la chica se ruborizaba.
-No te preocupes cariño, no te podemos culpar… ¿Habéis visto el culo que tiene?-La defendió la mujer de la limpieza, de unos cincuenta y tantos años.
-Shhhhhh- Mandó a callar Sally otra vez- ¡Callaos ya! Está claro que James está buenísimo y no es gay, así que no entiendo por qué discutís.
Caroline, aún ruborizada, se acercó a la puerta, y se colocó junto a Sally. Todo el mundo guardó silencio, pero las preguntas se seguían formulando, ahora a través de la mirada.
En el interior del despacho James se oponía tajantemente a la petición de Mary.
-¿¡Te has vuelto loca!?
-Oh vamos James, es un favorcito de nada, ¿qué te cuesta? Incluso, ¿quién sabe?, te podría acabar gustando…
-¡Yo sé! No me puedo creer que me estés pidiendo lo que me estás pidiendo… No tengo ni idea de qué piensas de mí, pero no soy un gigoló.
-¡Claro que no! Yo no he dicho eso, no es como si te fuera a pagar o algo por el estilo…
-¡Madre santísima! ¿Se puede saber con qué clase de psicópata estoy trabajando?
-Venga, se bueno conmigo, es muy importante para mí y lo sabes. Te prometo que haré lo que tú quieras, pero necesito que me hagas este favor-Suplicó Mary.
-Está bien pequeña manipuladora, pero no pienses ni por un momento voy a olvidar este pequeño favor, que por cierto vale por diez-Aceptó James mientras se dirigía a la puerta meneando la cabeza de lado a lado y murmurando-Bendita chalada…
Antes de que alguien pudiera evitarlo, James giró el pomo de la puerta y empujó. Después de eso, todo se convirtió en un caos. Sally calló de rodillas sobre la mullida alfombra del despacho. Caroline, sin poder evitarlo, tropezó con ella y se abalanzó sobre James, quedando su cabeza en su entrepierna y sus mejillas ardiendo. La señora de la limpieza empezó a pasar la fregona, y tiró a otros tantos que intentaban huir de la planta dieciséis a toda velocidad. El cubo de la fregona acabo por los suelos, al igual que uno de los empleados, que tropezó con él y derramó su café sobre el pobre cartero. Y de repente, en medio de aquella piscina humana de la planta dieciséis, se plantaron unos tacones de aguja de diez centímetros. Sobre ellos un cuerpo con actitud burlesca se dirigía hacia al ascensor, pero antes de entrar se giró y dijo:
-James, querido, te espero en el garaje, no tardes- Comentó Mary mientras esbozaba su sonrisa más seductora.